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26 feb 2009

OLE LOS POLICIAS VALIENTES, ¡MIARMA!

Ojú ¡miarma!, yo creía que nunca vería lo que estoy viendo ahora y que, en los últimos dos días, me estoy hartando de ver. Un puñado de policías vascos cacheando a un “delincuente” que había cometido el mismo delito por el que él había perdido su casa.
Ejemplar el comportamiento de todos los medios de comunicación enseñándonos bien, que coño bien: muy bien, el rostro del “delincuente” para que podamos verlo todos y le podamos decir a nuestros hijos que lo que ha hecho ese “delincuente” vasco, no se puede hacer.
La verdad es que ese “delincuente” no debe ser vasco de los “Alicatechea” o apellidos similares, o al menos no es la imagen que estamos harto de ver que tienen: pelos cortos por delante y muy largo por detrás, o las “rastas” esas o como se diga que lucen la mayoría de los que salen destrozándolo todo. Eso es lo único que les podemos ver, pues cuando detienen a alguno, muy pocos de la kaleborroca esa, o como se diga, se preocupan muy mucho de taparles las caras y decirles “presunto alborotador” que ni siquiera delincuente. El vasco del mazo tiene una pinta bastante normal, es por eso que le dicen del tirón fascista y otras lindezas.
Ole los policías con dos cojones, como se preocuparon de esposarlo rápidamente, cachearlo, pedirle la documentación y todo lo demás que seguramente será su obligación pero que no suelen hacer habitualmente con los “otros”.
Yo no digo que tenga razón este hombre con lo que ha hecho de tomarse la justicia por su mano, pero desgraciadamente la justicia en España, y más en el país Vasco, hay que escribirla con minúscula. Sí, por el contrario, digo que para hacer lo que ha hecho, además de estar hasta los huevos de aguantar, éstos, los huevos, hay que tenerlos una harta de grandes.
Mi respeto y admiración para este Vasco que ha echado los cojones dónde había que echarlos. Si hubiera muchos como él, los que estarían escondidos serían los terroristas y sus secuaces.
Ahí queó, ¡miarma!

25 feb 2009

¿QUIENES SON ESOS MUSICOS DE TRIANA?

Esta misma gente de Triana, cuando tuvimos la desagradable experiencia de la lluvia, durante una Estación de Penitencia, nos sorprendieron de nuevo con su forma de actuar. En positivo la sorpresa, naturalmente.
Antes no he explicado, aunque todo el mundo de las Cofradías lo sabe, que Julio Vera es un hombre que habla muy poco, y lo poco que habla lo hace en un volumen muy bajo, creo que debido a su timidez, pero es de las personas que cada vez que habla “sentencia”. ¡Que te deja pocas posibilidades de contradecirle, vamos!
Nos cogió la lluvia en un sitio difícil de actuar de forma coherente. La actuación de nuestro cuerpo de nazarenos fue ejemplar, destacando el tramo infantil cuyas imágenes cuando lo recuerdo, viéndolo en video pasando por la Campana, siempre me cuesta un buen montón de lágrimas. Los pasos, cada uno por un sitio y nosotros, la junta de gobierno, divididos en lo que aquella tarde fueron las dos sedes de nuestra Cofradía. Personalmente me encontraba con los compañeros que estábamos en el palio y no era posible conectar por teléfono con los que se encontraban con el paso del Señor, pues las líneas estaban saturadas y por lo tanto al caos producido se sumaba la desinformación.
Una vez dejado el paso de palio con Nuestra Señora en nuestra sede, nos encaminamos los oficiales de junta que allí estábamos al templo dónde estaba nuestro otro paso con el Señor. Cuando llego a la puerta, me encuentro, en la misma a Julio Vera y dos o tres componentes más de su Banda literalmente “empapados”. Ya conocéis la levita que llevan larga y azul; pues ésa, se hubiera podido exprimir como si de una naranja se hubiese tratado. Entro en el templo, me entero como está la situación allí y le digo a mis compañeros de junta que salgo para hablar con el director de la Banda. Busco a Julio y le digo: como está el tema de la lluvia no tenemos seguridad de nada, la hora que es ya y como ésta tu gente de mojada, creo que lo mejor es que os retiréis; nosotros esperaremos a ver que podemos hacer y en una hora haremos un Cabildo de oficiales y decidiremos si nos quedamos o nos vamos para casa. Su contestación: nosotros no nos vamos de aquí hasta que el Señor no se vaya. Eso, claro está, dicho con la misma voz y la misma cadencia del anteriormente mencionado: eso nunca será problema. Amago de discusión por mi parte argumentando: los muchos chavales jóvenes que componen la Banda, lo mojados que estaban y las pocas posibilidades de saber que decisión tomar. Y él, lo mismo: nosotros no nos vamos de aquí hasta que el Señor no se vaya. Bueno, pues ante esa actitud, poco se podía hacer; sólo acceder y guardarte las lagrimas, que no sabían por donde brotar, ante tal gesto de generosidad y cariño por una Hermandad y su Divino Titular.
Cuando se pudo recomponer la parte de Cofradía que allí quedaba y una vez adoptada la decisión por el Cabildo de oficiales de irnos para nuestra Sede, allí estaban, en su sitio, los Marineros de las Tres Caídas: formados, mojados, pero con la marcialidad y el orgullo de “TRIANEROS”. Me dirijo de nuevo a Julio, y le digo que nos vamos lo más rápido posible y a tambor. Su respuesta: como debe ser. Fue espeluznante ver aquella Banda completa, sin faltar ni uno de los ciento y muchos que la forman, con solo los tambores marcando el paso, sin florituras ni redobles, detrás del Señor. Fue magistral la única marcha que tocaron antes de entrar en nuestro templo, al menos así la recuerdo: como las trompetas capaces de derribar murallas que describen nuestras Sagradas Escrituras. Esta imagen la tengo grabada en mis retinas, pues yo iba con otros muchos nazarenos detrás de la Banda; a paso largo -igual al que llamamos de muda- pero puedo jurar que nunca vi andar el paso de mi Señor, como lo vi aquella noche.
Esa es la grandeza de esa gente de Triana, ese es el orgullo de una casta y de un barrio, esa es la majestad de los componentes de una, para mi, muy querida Banda y Hermandad: la de Nuestro Padre Jesús de las tres Caídas y Nuestra Señora de la Esperanza de Triana.
En su honor he recordado estas dos ocasiones.
Ahí queó, ¡miarma!

24 feb 2009

¿QUIENES SON, ESAS GENTES DE TRIANA?

“Con la venia”.
Como en mi anterior entrada, llevado de mi tranquilidad de ánimo, tuve el desliz de decir el cargo que ocupo en una Hermandad aprovecho, antes que se olvide, para contar una anécdota que me ocurrió con la “gente de Triana”.
Quiero acordarme en esta entrada de dos personas: la primera mi primer visitante en este blog, mi amigo Bibi, Trianero de los buenos. La segunda no hace falta nombrarla, cuando vea el comienzo y el final de la misma, él sabrá quien es.
Al hacerme cargo de mi puesto en la junta de gobierno de mi Hermandad, una de las primeras gestiones que tuve que afrontar fue contratar las bandas de música para nuestros pasos. Era ya mediados de enero, con el jaleo de las votaciones en el Cabildo, la “campaña”, la situación anómala de la que desgraciadamente veníamos en la Hermandad y la consiguiente situación de la junta saliente nadie había caído en hablar con los directores de estas agrupaciones. Ahora tratamos de la Banda del paso del Señor.
Yo no tenía el gusto de conocer a D. Julio Vera, creo que no hace falta decir quien es ni de que Banda es ni de que Hermandad es, y la verdad es que tenía un cierto “apretón” al pensar que este hombre sería un tanto inaccesible, debido a sus muchos compromisos artísticos, y no sabía bien por dónde atacarlo. Lo llamo por teléfono y quedamos en vernos en vuelta de pasados unos días.
En esos días intermedios procuro enterarme bien de dónde estamos económicamente y que necesidades perentorias e inmediatas tenemos en la Hermandad para poderme formar una idea en serio de que disponibilidad teníamos. Aunque no estábamos mal de dinero, eran muchas las cosas por hacer y también, teníamos el handicap que ninguno de los que nos sentábamos en la mesa de gobierno había pertenecido a ella en los últimos diez y seis años, el que menos, total: desconocimiento absoluto de lo que se nos venía en lo alto.
Bueno, pues llega el día “D” y llega Julio a nuestra casa hermandad. Nos presentamos, empezamos a hablar y lo primero que le pregunto es que si están disponible a la fecha que estamos; su respuesta es sí porque, al saber por la situación que estábamos pasando, ellos no han escuchado a nadie y estaban a la espera de lo que decidiéramos la junta entrante. Aquello, como comprenderéis, me tranquilizó pero ahora venía la parte más peliaguda de la conversación según mis pensamientos, pobre de mi. Es cuando pregunto a Julio por el tema económico, su respuesta: eso no será nunca problema. Seguimos hablando y le pregunto por el horario, su respuesta: eso no será nunca problema. Bueno Julio, ¿como va el tema de las marchas que tocáis, elegís vosotros, elegimos nosotros? le pregunto, su respuesta: eso no será nunca problema, tocamos lo que vosotros digáis y dónde vosotros digáis. Así seguimos con otras preguntas a la que siempre seguía la misma respuesta: eso no será nunca problema. ¡Joder! Julio, le digo: entonces no tenemos nada de que hablar y me responde: Sí, queremos que vosotros estéis seguros de querer que hagamos con vosotros vuestra Estación de Penitencia. Os imagináis cual fue nuestra respuesta: SÍ , por supuesto.
Es entonces, pasado lo anterior, cuando se saca del bolsillo un contrato perfectamente relleno con todos los datos de la Banda y de la Hermandad: firmado, rubricado y sellado por el Mayordomo de su Hermandad de N. P. Jesús de las Tres Caídas y N. S. de la Esperanza de Triana y me dice: lo que falta por rellenar, que era el precio y los horarios, poner vosotros lo que queráis y el “día de la salida” me lo devuelves. Sabemos en la situación que estáis y lo que pretendéis hacer para reflotar a esta nuestra querida Hermandad de la .............., contar con nosotros para lo que necesitéis: dice adiós, se despide y se va.
Esta anécdota no está completa pues falta una segunda parte, dónde la “gente de Triana” nos demostraron lo que es querer a Dios y su Bendita Madre y como se reza tocando un tambor y una corneta detrás de un paso.
“Queden Vds. Con Dios”

23 feb 2009

BESA PIÉ DE MI SEÑOR

Hoy he estado todo el día en una de mis Hermandades, creo que me ha venido bien. Empecé el día desayunándome unos calentitos estupendos en el bar la Hacienda de San Julián en compañía de mi hijo más pequeño. Éste, iba perfectamente ataviado, que no disfrazado, de cofrade: traje azul, camisa blanca con corbata de rayas blancas y amarillas y, lo principal, su escudo de solapa de nuestra Hermandad recuerdo del día de su primera Comunión.
Me gusto ver a mi Señor a solas en la penumbra del templo, apagado aún, iluminado por un rayo de sol que le daba en el rostro. Al encender los guardabrisones que le escoltaban, he estado muy cerca de Él y le he podido decir pensamientos difíciles de explicar a otras personas, pues no han sido estos pasados días últimos los mejores que he tenido en mi Hermandad. Sé de mi intransigencia en ciertas cosas pero no lo sé remediar, que Dios y mis hermanos me perdonen.
La siguiente persona que ha entrado en el templo ha sido el Hermano Mayor, tampoco él ha tenido sus mejores días en los últimos pasados en la Hermandad por causa mía, entre él y yo pocas palabras son necesarias, y el Señor lo sabe, de ahí que haya propiciado el encuentro de los dos delante de Él. No han hecho falta palabras, ha sido el diálogo de la experiencia para preparar el templo de cara a celebrar el besa pié que comenzaba en muy pocos minutos después: él preparando con las camareras, y los chavales de la juventud, los detalles que quedaban para montar la mesa de venta de recuerdos, yo encendiendo las velas y luces, abriendo la Capilla Sacramental y encendiendo el incensario.
En el transcurso de toda la jornada han aparecido muchos hermanos, pero no me refiero a los de diario, no, me refiero a ese hermano que ves llegar cuando están pasando momentos malos pero también en los buenos; los que ves llegar a sacar su papeleta de sitio sin preocuparse del sitio dónde irán durante la Estación de Penitencia; los que no buscan el banco destacado en los días de cultos; los que llegaron a la Hermandad a la llamada del “costal” y ahora tiene el placer de ir acompañados por sus hijos en las trabajaderas: ¿verdad “peluca”?; o el que ha conocido a la que es hoy su mujer en el grupo joven cuando eran unos niños: ¿verdad Jaime?; o los más dolorosos, a los que han sabido sobreponerse y entenderse con el Señor después de perder a un hijo en la niñez o en su primera juventud: ¿verdad Ignacio?, ¿verdad Salvador?
Vienen los días grandes en nuestras Hermandades y yo estoy deseando de recibir a mis hermanos ¿capiroteros?, benditos sean, para entregarles sus papeletas de sitio, para desvivirme por ponérselo fácil y servirlos, en sus necesidades, ya que son los verdaderos sostenedores de nuestras Instituciones. Qué sería sin sus cuotas, o sin el importe de sus sitios en la cofradía, de nuestras obras sociales o de la conservación de nuestros patrimonios. Por ellos me siento orgulloso de ser Mayordomo, y gozar de su confianza, en una de mis Hermandades.
Ya estás Señor en tu altar, ya estoy más tranquilo y seguro que duermo esta noche mejor.
Gracias Dios mío.
Ahí queó, ¡miarma!

15 feb 2009

DESCANSE EN PAZ MARTA

Desgraciadamente no hemos podido recuperar a Marta con el aliento puesto por todas las personas de bien que hemos estado apoyando a su familia.
Que Dios la tenga en su gloria y ahora sepa confortar a sus familiares y amigos.
También, que Dios ayude a su asesino y cómplice a sobrevivir con la pesada carga que para toda la vida se han procurado.
Me es imposible imaginar como en el tan corto tiempo que han tenido de vida se puede llegar a adquirir la maldad necesaria para quitar la vida a un ser humano.
Dios los perdone, a nosotros nos será difícil.
Descansa en paz Marta.

8 feb 2009

TERMINO CON LA COMPARACION

Como decía, la cosa continuó sin “limpieza de miras”.
Ya empezamos algunos costaleros y capataces a participar en juntas de gobierno; igualmente empezamos a ir de capataces a otras Hermandades y con estos movimientos cambio definitivamente toda la filosofía del nuevo “mundo del costal”.
Desde entonces se empezaron a sembrar los vientos que ya hoy se están convirtiendo en tempestades y rigen en muchas cuadrillas de costaleros, por no decir en todas y lo peor en muchas Hermandades, casi todas.
Con este cambio en el “mundo del costal” empezó un gran cambio en el mundo de las Hermandades. Se empezaron a desvirtuar situaciones en nuestras Hermandades. Se rebajo mucho la preparación necesaria para optar a los puestos de junta de gobierno: ya cualquiera valía para “todo” si contaba con los votos de los componentes de las cuadrillas de costaleros y, claro está, esta situación no ocurrió en un solo sentido sino que también y sobre todo en el contrario. Si se prometía el martillo al que ocupaba el puesto de capataz se tenía mucho avanzado para ganar unas elecciones y por lo tanto si perdía la candidatura apoyada por los costaleros la primera desición que tomaba la junta entrante era cambiar a los responsables de las cuadrillas.
También, a los pocos años, se empezó a montar la mentira de las cuadrillas de hermanos, que no eran tales cuadrillas de hermanos. Nadie, ni ninguna Hermandad, se atreve a decir lo que cobran los capataces que se dedican a sacar varias cofradías como: Los Sres. Villanueva, D. Antonio Santiago, D. Francisco Reguera, etc. Y con ellos los costaleros y auxiliares que van como hombres de su confianza.
Bajo mi opinión es hora de cambiar todo lo relativo a los costaleros, si no queremos vernos abocados a afrontar los problemas que han empezado a aparecer en Hermandades como: San Esteban, Hiniesta, Candelaria, Calvario y otras que aunque no tan a la vista ya los tienen encima. La primera medida sería comenzar a ser sinceros; explicar a nuestros Cabildos Generales los “apaños” que se hacen en las cuentas para justificar los pagos a capataces y costaleros que no son “hermanos” propiamente dicho y, sobre todo, no usar a los componentes de las cuadrillas para tratar de ganar elecciones y con ello hipotecar a las Hermandades y sus juntas de gobierno de tan pesadas cargas.
Permitirme aplicar el refrán de: “todas las reglas tiene su excepción” y, por lo tanto entre nuestros costaleros hay muchos limpios de corazón que no se sienten manipulados, y seguramente es verdad, pero no pueden olvidar que se han constituido nuestras cuadrillas como entes aparte de nuestras Hermandades sin la participación necesaria en la vida y en el día a día de las mismas. ¿Cuántas cuadrillas tienen instituido un día al mes reunión en un bar cercano a la Hermandad pero son pocos los que entran en el templo para visitar a sus Sagradas Imágenes o pasar por la casa hermandad?
Volvamos a los principios. Obremos de corazón y con sentimientos sinceros, empecemos en nuestras Hermandades como antes se hacía, con la túnica y la varita de la mano de nuestros mayores y lo principal: que tengamos siempre preparada la túnica para cuando nos llegue la hora de dejar el costal o el traje negro. No luchemos por perpetuarnos en las cuadrillas y volvamos a sentir el orgullo de ser nazarenos en los últimos tramos de nuestras filas de luces que por nuestra edad nos corresponde.
Esta ha sido la última chicotá sobre esta comparación de los costaleros hermanos en el tiempo que dura este movimiento.
Ahí queó, ¡miarma!

5 feb 2009

NO. NO. QUE NO, HOMBRE, QUE NO.

No es por la vuelta a Trento, o aún a tiempos anteriores, por lo que se tienen que distinguir nuestras Hermandades. Es por desarrollar las directrices emanadas del Concilio Vaticano II para ver si somos capaces de tenerlo totalmente en vigor para el Tercer Milenio; paciencia, tenemos por delante: novecientos noventa y un años, hay tiempo.
En nuestras Hermandades, algunas veces no sabemos como destacar en lo superfluo. Ahora de la mano de Priostes, anclados en la memoria de los tiempos, rancios se les llama ahora, estamos rescatando formas similares a los viejos altares de cultos que se montaban.
No lo veo mal siempre que sea para rescatar: lo figurativo; lo bonito; lo entrañable; etc., de aquellos montajes pero sin perder la perspectiva. Aquellas cantidades de cirios tan grandes en número y corta en distancia no eran cosa baladí, era pura necesidad al no existir otros medios para iluminar a nuestras Sagradas Imágenes. Hoy no es necesario someter a nuestras Imágenes a aquellas torturas: calor, humo, suciedad, etc., para que las podamos disfrutar en su plenitud; desgraciadamente son muchas, de Ellas, las que padecen los efectos de aquellos excesos y del uso de aquellos medios. Hablemos con los restauradores si no nos creemos este argumento.
Pero no es en esto anterior donde veo la dificultad. La dificultad la veo en que en el año dos mil nueve, y a muchos de haberse celebrado el Concilio Vaticano II, son muchos los Sacerdotes que, aparentemente al menos, parecen no haberse enterado. Para eso nada mejor que escudarse en cualquier argumento: Encíclicas, Opiniones o derechos admitidos por nuestro actual Santo Padre.
A estos Curas seguramente les gustará que todo permanezca como estaba antes, algunos añorarán hasta la jícara del chocolate y los picatostes en las meriendas con los ricos de la feligresía. No porque lo hayan vivido pero lo habrán visto, como muchos de nosotros, en películas antiguas. Seguramente también deberían añorar el tazón de “café negro”, migado con pan duro que se tomaba en, no todas desgraciadamente, las casa pobres También añorarán otras muchas cosas de las que gracias sean dadas a Dios han pasado a la historia de la Iglesia Santa Católica y Apostólica.
La Eucaristía debe ser abierta a la compresión de todos, participativa en su ritual y sobre todo CLARA en su desarrollo.
Nuestro Señor en su última cena no se volvió de sus discípulos al bendecir y repartir el Pan. Tampoco se ocultó nunca ni habló o rezó en voz baja, al contrario dijo alto y claro todo lo que tenía que decir, ni desecho ni despreció a nadie por su apariencia o forma de pensar.
Enséñennos nuestros actuales Curas donde está el verdadero Reino de Dios, abiertamente, con alegría, con el ritmo que nos marca nuestra actual vida y como poderlo vivir. Es muy gratificante leer a José Antonio Pagola y participar de su forma de entender a Dios y sus enseñanzas. De él, de Pagola, os recomiendo su libro: JESÚS. APROXIMACIÓN HISTÓRICA, editorial: P. P. C.
Ahí queó, ¡miarma!