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31 mar. 2018

¡FELIZ RESURRECCIÓN DEL SEÑOR!


Yo de niño, como he contado más de una vez, pasé mucho miedo con la eternidad. No me entraba en la cabeza, sobre todo pensando en el castigo Divino, en el miedo a Dios. También lo tuve mientras creí en el infierno.
Conforme me he preocupado de enterarme, lo más y mejor posible dentro de mis muchísimas limitaciones intelectuales, de lo que Dios quiere de nosotros, le he perdido muchísimo miedo a la muerte y he entendido que nuestra vida, y muerte, está aquí: en el día a día, en la verdad, en disfrutar, o sufrir, el Reino de Dios que nos enseñó el Hijo de María.
Sí, he dicho sufrir el Reino de Dios. El que nos trató de enseñar Jesús y, aún hoy, todavía, no lo hemos logrado conocer. Seguimos empeñado en condenar nuestra vida y la de los demás, principalmente la de los demás. Nos siguen satisfaciendo más las desgracias del prójimo que nuestras consecuciones. Seguimos ambicionando poder ser los más ricos de los cementerios y olvidamos que, como dice Francisco: detrás de nuestro coche fúnebre, no va a ir ningún camión de mudanza.
Del que volvemos a celebrar y conmemorar mañana su Resurrección a la vida, creo que nos quiso decir algo más parecido a lo que sigue, que a lo que nos siguen contando que dijo.
Fragmento del poema “El Dios de Spinoza”:
Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar.
Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias… de libre albedrío.
¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti?
¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice?
¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?
¿Qué clase de dios puede hacer eso?
Que el Hombre nos ayude a cambiar. Que nos ayude a entender que la verdad está en el respeto y el amor al prójimo. Que nos ayude a amar a nuestro prójimo como Él nos ama y lograremos disfrutar del Reino de Dios.
Recordemos: Mañana puede ser un gran día, preocupémonos de seguirle, pero no solo en la Cruz, sino en la Vida que tan generosamente se nos ha dado.
Ea, hasta otra.

10 dic. 2017

RECUERDOS Y AÑORANZAS

Son muchos los días que me acuerdo de ti amigo. Por detalles; en acciones de personas con las que trato; o por mil diversos motivos; pero hoy con más razón.
Llegaste tarde a mi vida, aunque me dejaste una huella indeleble y profunda. Y eso que no eras un dechado de agradabilidad aparente, pues te gustaba aparentar y parecer un tanto “agrio” aunque después “las papas del sentimiento” delataban tu humanidad en el brillo acuoso de los ojos.
Hoy me he acordado de ti por tu cabezonería. Por el placer que te negaste de tener un nuevo amigo, en este caso amiga, peludo. Te entendía, y así te lo dije, al saber que no querías asumir lo que suponía, contraías y podía significar el dejarle a tu compañera la responsabilidad de su mantenimiento y cuidado aún sin saber, entonces, lo rápido que te irías de entre nosotros.
Hoy de nuevo te he sentido junto a mí protestando, como tantas veces hacías porque tu ya para siempre “segundo”, y yo, te hacíamos ver la sinrazón de tu actitud y cabezonería en ciertas decisiones que tomabas y que, sin embargo, te acatábamos.
También te he sentido riendo y poniendo la cara de circunstancias de cuando de verdad estabas a gusto. Y te sentías feliz en la adversidad aparente; o cuando te besaba uno de los hijos de tus muchos sobrinos; o cuando te hacían una “cabronada” uno de tus compadres del alma; o cuando te metías conmigo, diciéndome maricona y prioste, porque te decía lo bonito que estaba un Jacaranda en flor yendo, o viniendo, de camino a comernos unas manitas de cerdo en la Ciudad Jardín.
Ni a soñar que te hubieras echado, hubieras sido capaz de imaginar lo feliz que me he sentido participando en la búsqueda de una compañera para tu compañera. Ya está en vuestra casa; y vuestra casa estaba preparada para recibirla; y hará, seguramente, muchas trastadas; pero le transmitirá la felicidad que solamente un perro feliz y sano es capaz de proporcionarnos a los humanos.
Parece que te estaba viendo, esta tarde, en tu sillón, con cara de circunstancias y muy serio, o simulándolo, pero deseando que todos nos volviésemos o despistásemos para acariciar y achuchar a tu nueva inquilina. Eso que te perdiste, cabezota, y no te lo afeo por entenderlo perfectamente. Sí siento que no hayas podido ver la cara de felicidad y satisfacción de tu compañera; igual que te has perdido la cara de felicidad de tu amigo de toda la vida llevándola con la correa, desde su casa a la tuya, paseándola orgulloso como un chiquillo de diez años.
En fin, amigo; que estoy feliz y necesitaba contártelo y contárselo a los que te querían, te quieren y te seguirán queriendo y recordando día a día. Los nombres no son necesarios, ¿para qué? Esto podría ser una fábula; o un simple cuento de Navidad en el que uno de sus principales protagonistas estuviera ausente, o fuese el amigo invisible tan de moda en estos tiempos; aunque yo estoy seguro que es tan partícipe como cualquiera de nosotros.

Perdón, siento que me equivoco. Sí creo que hay un nombre importante, y es el de la principal protagonista de esta historia: KENIA.

28 ago. 2017

¡UN MANOTAZO FRÍO, UN GOLPE HELADO!



De siempre tengo el defecto, entre los muchísimos que poseo, de dejarme influenciar demasiado por la primera impresión que me causan las personas. Ese defecto me ha llevado a perderme el contacto con grandes personas, que podrían haberme enseñado mucho y que, seguramente, habrían engrandecido mi personalidad. También tengo que decir que, como el orgullo insano no cuenta entre mis haberes de defectos, con algunas de estas personas he sabido rectificar a tiempo y eso me permite gozar de fructíferos amigos y conocidos que vivifican mi existir.
Quizá, una de las personas con las que más he sentido tener este defecto es con la persona a la que trato de rendir el pequeño homenaje que estás leyendo si has sido capaz de llegar hasta aquí: MANUEL RODRÍGUEZ CABRERA, para los que le conocíamos y queríamos: “LOLO CABRERA”. 
Seguramente dejándome llevar hace ya muchos años, por la aseveración que me hacía hace unos días Juan Pedro Casal, de “que los dos éramos iguales de feos y agrios” no frecuenté a Lolo; simplemente teníamos un trato de cortesía y hermandad: la consiguiente copa del camino o convivencia y poco más.
Desde hace unos años propiciada por Josemi, amigo común de ambos, con el que yo solía almorzar periódicamente, él quiso unirse a esas comidas y bendita la hora que lo hizo, pues ahí empecé a conocerlo profundamente y a gozar de su amistad. Era como aparentaba: valiente, desahogado, descarado, generoso y desprendido, atento, cariñoso, sincero, listo e inteligente y, sobre todo, lo que yo más le valoraba: sabía ser amigo y confidente atento, hablarte siempre desde su experiencia de vida y, sabiamente, nunca me dijo las palabras que tanto me joden: “te voy a dar un consejo”.
Hablamos mucho, los tres, de rocíos y Rocío. Rocío, la Señora, era un referente para él, pero sin mojigatería, por derecho, sin alharacas ni falsos golpes de pecho y sintiéndola como he conocido, afortunadamente, a muchos que la quieren y hablan como a una verdadera madre. También era un fijo en sus conversaciones el rocío y todo lo que lo conforma; pero creo que su tiempo ya había pasado. El rocío del que él hablaba, era un rocío con una gran carga de sentimientos, convivencias, bonhomía, bromas y saber estar que siempre había reinado en nuestra Hermandad de Sevilla. No quiero decir con esto que ya no exista, aunque sí sean otras las formas y maneras; como dice la sevillana: “el rocío no ha cambiado, sólo cambiaron los tiempos”.
Creo que, en nuestra Hermandad del Rocío de Sevilla, desgraciadamente, no se ha sabido aprovechar todo el caudal personal que ofrecía Lolo, igual ha sido temiendo a sus posibles reacciones en la contrariedad pues, como también indicaba, muy acertadamente de él, Juan Pedro: “en la ojana no tenía ni un pase”. Nunca le escuché una apetencia de cargo en la Hermandad, aunque se sentía orgulloso de su labor en el puesto de Alcalde Mayor de Carretas y, más orgullosos aún, de algunos de los jóvenes que le acompañaron en ese oficio. Creo que era una de las personas que no debe faltar en ninguna Junta de Gobierno, pues para mediar, atraer y sacar lo mejor de cada uno no había otro como él.
Ha dejado muchos compadres. Algunos ya no volverán a ser los mismos para nosotros cuando los veamos sin su presencia, pues con ellos hacías un todo indisoluble; para ellos, también, a partir de ahora seguro que su rocío será muy diferente. Igualmente ha dejado muchos “sobrinos” en primer grado y, más aún, en los descendientes de estos. Era fácil verle brillar los ojos cuando algunos de estos pequeños se acercaban a él y le daban un beso o le hacían una caricia, ahí “entregaba la cuchara”. También era fácil verle brillar los ojos cuando hablaba de su Chica, su perra bóxer, que tan buenos ratos le proporcionó y de la que le quedó tan marcado el recuerdo de su último entrecot y la mirada de su despedida, que llegó a hacerle renunciar al placer de tener y gozar de un nuevo compañero peludo.
Teníamos muchos “defectos” en común Lolo: Béticos, “rojos” como nos llama Juanón, o conscientes sociales como me gusta designarme a mí, republicanos, feos, no cantamos, no tocamos la guitarra, apenas bailamos, agrios, cascarrabias, poquita mano izquierda, llorones, etc. como te recordaba Juan Pedro, de nuevo, en un comentario por ahí en la página de Hermanos de Sevilla, pierde preocupación Lolo, ya me encargo yo de decirle “cabrón” en tu nombre cada vez que nos recuerde los defectos comunes, aunque, seguramente, no sabré decírselo con tu gracia.
Me hubiera gustado estar más cerca de ti en el final Lolo, pero entendía que era más importante tu intimidad que mi necesidad y, además, no me sentía capacitado para hacerlo. Es cierto que nunca creí que llegaría tu hora tan pronto, que habría una solución para tu mal, que podría tu ilusión por las muchas cosas que te quedaban por hacer, o que te sobrepondrías por el miedo que tenías por dejar sola a Celes, tu leal, fiel y amante compañera de toda una vida. No me lo quería creer Lolo y tuve necesidad de verte; y así lo hice con temor de que la imagen tuya que prevaleciera en mi recuerdo fuese la de tu cadáver, o la del último día que nos vimos en el hospital a primeros de agosto; pero no, gracias a Dios, te recuerdo sonriente, protestándole a Josemi cuando te pedía cita para el médico al que no querías ir, o bebiendo Tío Pepe, tinto de Carraovejas, Ramón Bilbao o Cocolubis de Constantina con queso “chachi” del que te gustaba a ti. Ahora me harías mucha falta Lolo, ahora que he conseguido la retirada laboral de la que tanto habíamos hablado, ahora que me encuentro solo y temeroso de la forma de vida que me viene, nueva completamente para mí.

Te echaré mucho de menos amigo, y siento mucho el tiempo que no te aproveché por torpeza y prejuicios. Que Nuestra Bendita Virgen del Rocío y Su Divino Hijo, sepan premiarte tu vida de rociero. 

24 jun. 2017

DE MI VISITA A ALEMANIA

Paredones verdes, encaminan un río extenso.
Puente orgulloso de, suicidas, piedras soberbias.
Barcas obreras en esclusas prestas y recias.
Patos gandules; canoas raudas; yates ociosos.

Orillas de casas nobles imbuidas en verde.
Delicadas iglesias de variadas creencias.
Cantidad de facultades antiguas; notorias.
Población viva, multiétnica, próspera y alegre.

 Magnas jarras de cerveza, a las que faltan “tapas”;
terrazas alegres en jardines adornados;
variedad de “¡kartoffeln!” en suculentas salsas.

Parvos peques; consabido comercio bastardo.
Limpieza, calma y orden, con ambiente de cortesía.
Bella Heidelberg, alegre hogar de hijos añorados.

7 jun. 2017

MI INFANCIA SON RECUERDOS DE UN PATIO DE SEVILLA

Portalón grande de madera, con postiguillo y mirilla.
Zaguán fresco, y luz confortable, para jugar a las cajillas.
Cancela de forja con campanilla.
Patio de lozas de Tarifa.
Arriates de jazmín, dama de noche y buganvilla.
Macetones de “pilistras”, helechos y esparragueras.
Latones de tomates, sembrados con claveles y rosas.
Macetas de geranios, begonias, gitanillas y yerbabuena.
Esterones de esparto.
Toldos de lona para sombrear el verano.
Baños de cinc, con agua calentándose al sol.
Tendederos de ropa limpia.
Lebrillos de barro esmaltados.
Jaulas de jilgueros y canarios; palomos en la azotea.
Gatos en rincones sombreados o en techados de tejas árabes.
Puertas de vidrieras, abiertas, y cortinas de cretona.
Fogones de carbón y hornillos de petróleo.
No se veía, pero se olían, guisos diversos que aseguraban, con poco esfuerzo, comer a la carta.
Braseros de cisco picón.
Retretes comunitarios.
Pilas con "refregadores" de madera.
Alcachofa de ducha fría a la intemperie, en lo recóndito del lavadero.
Grifo, uno para todos, con “escandaleras”.
Planta de arriba, con barandas y pilastras de madera.
Corredores de arriba, con las cocinas en cajones de madera.
Aljibe con ecos del patio del Salvador.
Mujeres haciendo labores, sentadas en sillas bajas de eneas.
Francisco - el “Moto”- haciendo jaulas canarieras y a Pepe Morilla con su banqueta de remendón.
La Loli – “de arriba” y a la Paqui - “Chica”-, cosiendo con sus tablas sobre las rodillas.
El fogón de Antonio - el “Melli”-, haciendo pestiños y torrijas en Cuaresma y rosquitos de huevos en Navidad.
Ancianas sentadas al sol, mientras las vecinas le aseaban el cuarto y les hacían la cama.
Bebes sentados al solito, para cerrarle la mollera prontito, en mecedoras de lona.
Nazarenos de San Bernardo, Carretería y San Isidoro.
Tertulias al fresquito de la noche, con historias de miedo.
El televisor de mi padre para que los viejos vieran los toros o el futbol.
Partidas de tute y dominó de los mayores.
Tumulto de niños, en partidos de futbol o simplemente dando por… “el centro”, - como decía Gil Robles de Azaña -.
Cañas hincadas en las llagas del suelo, muy regadas, para coger zapateros.
Bautizos de una semana; con guirnaldas de luces de colores y con flores y cadenetas de papel. Baños y lebrillos con  barras de nieve sirviendo de nevera.
Velatorios de borracheras de aguardiente, tazas de puchero y café con tortas de aceite.

5 jun. 2017

PESADILLA ROCIERA


                  Me sorprendo frustrado en un camino,                   
buscando a los deudos con que partí.
Infeliz reclamo a los que elegí,
¡SEVILLA!, mas no veo peregrinos.

La “polvarea” me quiere confundir.
En la senda un lirio, al que han malherido,
entre siseos tenues de cantes idos,
me indica por ese cordel seguir.

¡Demando! ¿Qué está pasando Dios mío?
¿Por qué me encuentro solo y desvalido?
¿Cómo me olvidaron en los que confío?


De este maldito sueño he avivado
por un sudor malo, ensopante y frío.
¡Cosas que suceden, por no haber ido!

27 may. 2017

SIEMPRE ES BUENO RECORDAR.

Cada día me encuentro más a gusto, releyendo y escuchando cosas de mi juventud. Es cierto y verdad, que entonces, se me iban muchas cosas por desconocimiento y falta de atención. Sé que, inconscientemente al menos, todo lo visto y oído se retiene en nuestra mente y que, por lo tanto, va formando nuestra forma de ser y de entender la vida, sin nosotros saberlo, pero ciertamente. Todo está ahí en tu cabeza, aunque lleves años sin saberlo ni recordarlo, y basta un simple ronroneo para despertarlo.
Hace dos noches, hablando con mi hijo Jesús de la Salud, comentábamos la desazón y falta de ilusión de los jóvenes. Yo le decía que hay que prepararse y estar dispuesto y operante para cuando salga la más mínima oportunidad. También le hablaba de mi creencia en que los jóvenes deberían salir del estado de pasotismo en el que, la mayoría desgraciadamente, habita y ser más combativos y reivindicativos de su presente y, principalmente, su futuro.
Por aquella conversación y por haber leído en el libro de Luis Herrero-Tejedor, -sí, el gordito de bigote que estaba siempre en la televisión de los ochenta y noventa en programas de Antena 3-, que se titula: LOS QUE LE LLAMÁBAMOS ADOLFO. En él cuenta anécdotas y confidencias de los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia, conocidas de primera mano por ser hijo del Ministro Secretario General del Movimiento y posteriormente, a la muerte de su padre, estar “pro ahijado” por Adolfo Suarez; destacando los movimientos obreros tan conflictivos que se vivieron por entonces, durante toda la transición.
Hoy he vuelto un rato a José Larralde. Es un cantautor argentino, que se escuchó mucho por los primeros setenta junto con Yupanqui, Cafrune, Facundo Cabral y otros. Era un trabajador rural, pero estaba claro que su inteligencia natural era excesivamente alta y decía las cosas muy claritas, tanto que hasta yo las entendía en mí profunda torpeza, por ejemplo:

No hay ser que tenga más fuerza
que el que obra con honradez,
no implore si alguna vez
la injusticia lo maltrata;
la razón, aunque ande en bata,
camina con altivez.


Cuando no se quiere ver
no hay más que cerrar los ojos.


El hierro más afilado
se mella con una mirada.


Si el mal por el bien no es
el mal por el bien tampoco,
diferenciar cuesta poco
si se tiene sensatez.


¿La vida? La vida es sólo presente
el futuro es esperanza.
Es bueno tener constancia
y mirar con claridad.
Si el hoy es conformidad
mañana es perseverancia.


Esos versos son de su disco: HERENCIA PA UN HIJO GAUCHO, editado en 1969.

¡Ea, miarmas! Condiós.

27 jun. 2015

INOCENTE, YO CREÍ QUE ME ENSEÑARÍAN LA CASA.

Bueno, ya pasaron las elecciones en la Candelaria. Pasó lo que tenía que pasar: acudimos muchos hermanos; estábamos la inmensa mayoría  en los alrededores de la casa Hermandad, en los bares plenos de aforo y en la Capilla Sacramental, en la que se celebraba la Eucaristía delante de nuestras Imágenes cuando yo llegue sobre las 20 y 15, ningún hermano de los muchos que por allí estábamos. Seguro que muchos de los presentes nos marchamos, alegres o decepcionados según su apuesta votada, sin decirles tan siquiera buenas tardes o adiós. También, como estaba programado y me aseguró él mismo, el pasado Martes Santo, ganó las elecciones nuestro hermano: Justo Rufino Charlo, al que felicito al igual que a todo su equipo.
El que felicite a los componentes de la Candidatura de la continuidad, no quiere decir que me alegre por ello; es más, no tengo claro que sean capaces de CONTINUAR el menos que mediano nivel, según mi opinión, en el que se ha desarrollado la vida de Hermandad en los últimos años. En el cambio se han perdido Oficiales importantes: José María Cuadro; al que mis circunstancias, personales con él, no las puedo sobreponer y usar para negar sus indudables cualidades para el cargo que ha desempeñado. Quien fue mi compañero de puesto y es mi amigo, Mario Castillo Gómez; un muy buen Mayordomo y mejor candelario, sería importante que no se perdiera para la Hermandad y llegara a ocupar más altas responsabilidades, aunque sé que esto último no le gustará, si se entera, que lo he dicho. Ignacio Gómez Girón, candelario de los mejores que tenemos y que entiendo ha debido ser un buen consejero y asesor por conocimientos y cariño a la Hermandad. Ignacio es para mí algo más que un amigo; y, aunque no tenemos la misma visión ni opinión de la Hermandad, metería mi cabeza en el agujero que él me dijera sin dudarlo ni un solo segundo, sé que no le ha movido nunca nada que no sea su amor a Nuestra Madre y cariño a la Hermandad. Pedro Pablo Gutiérrez Gómez y Carlos Francisco González Roldán; dos buenos Priostes, buenos trabajadores, discretos y cariñosos con todos y candelarios de cuna. De los que permanecen no voy a opinar a título personal pero, aunque no diré en público sus nombres, sí hay tres entre ellos que si tuvieran “vergüenza torera” se cortarían la coleta antes de la toma de posesión de su nuevo cargo, pues ha sido denigrante la campaña que han realizado y permitido desde sus actuales puestos de Gobierno; ellos seguro que saben quiénes son, ¿a que sí lo sabéis? Pues eso, ¡ya estáis tardando! A los nuevos desearles suerte que es lo único que puedo y deseo hacer.
No dejará de sorprenderme nunca la falsedad que reina en las Hermandades. Gracias a Dios, no es uno de los defectos que me concedió entre los muchísimos que tengo. Yo siempre digo lo que pienso y cómo lo pienso; es por eso que me sorprende que haya personas que en función de dónde estén ellos, o esté yo, así me tratan, “no sé sí mesentiende”. Es lamentable que hermanos que me retiraron el saludo y la palabra, sin saber yo por qué ni darme la más mínima explicación del motivo, ahora me abracen y besen. Más aún, que algunos compañeros de Junta; no hay que olvidar que, de los nueve años de la actual candidatura en funciones, yo fui un activo emprendedor  y ejercí como Mayordomo dos años hasta que empecé a ser incómodo para algunos y dañino para la Hermandad; que no se han preocupado ni de hacerme una simple llamada de teléfono o pregunta, del por qué me echaban, qué había pasado  o cómo iba mi “enfermedad de la azotea”,  ahora también,  me besen y abracen e incluso me pidan amistad por facebook. Cómo dije en la anterior entrada del blog, ayer fue la primera vez que entraba en la nueva Casa Hermandad, esperaba que alguien me acogiera y me la enseñara; no hubo suerte, otra vez será. Sí vi alguna cara desencajada al verme, con el temor en la mirada cuando la cruzamos y la pregunta en su pensamiento de: ¿qué carajo hace aquí el gordo cabrón este otra vez? Pero es verdad que salí compensado pues fueron muchos más los que se acercaron por derecho, de frente, sin falsedad y con el verdadero cariño fraternal y alegría sana que nos debemos. Gracias a todos estos últimos principalmente;  pero también a los primeros mencionados pues me recuerdan constantemente como no debe ser nunca mi comportamiento personal hacia los demás; ¡que duro es algunas veces aprender!
Realmente, para sacar el beneficio que pretendo de las Hermandades a las que pertenezco, no tendría que pagar una cuota de hermano pues nada material busco en ellas, pero centrémonos en la Candelaria que es de la que tratamos: Visitar de vez en cuando a nuestras Sagradas Imágenes en la soledad de su Capilla, más ahora que habitualmente allí está recogido el Santísimo.  Más aún me gusta si está la cancela cerrada y me puedo sostener en ella mientras les consulto mis dudas e inquietudes, les cuento mis alegrías, penas o cuitas y les pido ser cada día mejor persona y mejor cristiano. Verlos a Ellos cuando salen a nuestro encuentro, por las calles perdido en una acera entre extraños y haciéndome masa con ellos. Nada más, de verdad que nada más necesito.
Más os engañaría si no dijera lo que me gustaría encontrar y, empiezo de nuevo a luchar para ello, conseguir en nuestra Hermandad. Como nadie me preguntará, es por lo que lo dejo por aquí para la constancia por si a alguien le vale. Me gustaría que nuestra Hermandad fuera dirigida por los más capacitados y no por los más cómodos y adaptables; que los Oficiales de Junta fuesen y actuasen como cicerones para los recién incorporados o hermanos que nunca hayan sido más que “capiroteros”; que estuviésemos informados de todas las decisiones tomadas en Cabildos de Oficiales y a que necesidades obedecen; que nuestros Cultos contasen con los mejores Oradores y fuesen tan multitudinarios al menos como los Cabildos de elecciones; que se nos proporcionase una buena formación cristiana y se nos ofreciese conocer otras religiones, al menos con las que actualmente convivimos; que nuestra Cofradía fuese ejemplar en todos los sentidos y que en ella se formase por estricto orden de antigüedad y que no pudieses ver a un nazareno detrás detrás tuya con menos años de edad que años de antigüedad tienes tú; que los puestos de honor que se otorgasen fuesen eso, de honor,  súper  reducidos y respondiesen sólo a hechos extraordinarios y beneficiosos para la Hermandad; que nuestras cuadrillas estuviesen formadas mejor  por hermanos que fuesen mediocres costaleros que por grandes costaleros pero mediocres hermanos hechos  exclusivamente para ser costaleros; que los capataces respondiesen ciegamente a las instrucciones de los fiscales y que cediesen todo su protagonismo a los pasos, e Imágenes, que dirigen; que  que los diputados y celadores fuesen los nazarenos más experimentados de la Hermandad; que nuestra Procesión Eucarística contara con más hermanos que músicos; que hablemos más de humanidad que de caridad; que nuestra obra social no sea grandilocuente pero ayude a los más necesitados de nosotros; que el uso de los medios de comunicación y por las redes sociales fuesen, al menos, tan utilizados como cuándo llegan las elecciones;  que tuviésemos conciencia del valor de los buenos gestos y de su importancia en el trato de los demás, etc., etc., etc.

¡Ea!, hasta otra, que la Salud y la Luz nos asistan.