domingo 31 de mayo de 2009

ESTRENANDO CHARRÉ

De entre mis caminos rocieros recuerdo con nostalgia algunos que compartí con mi amigo Juanma Ojeda, su hijo Alonso de siete años, y mi hijo Jesús de la Salud de nueve años, que era la edad que tenían entonces. Íbamos en una organización grande y variada en componentes y aunque compartíamos muchos momentos con el resto, nosotros cuatro, hacíamos un camino a nuestra manera en un pequeño charré que conseguimos y fuimos arreglando poco a poco.

Fueron tres o cuatro años distintos, por muchos motivos pero sobre todo por el tema del charré que dio para mucho. Para el comienzo del camino el jueves, empezó el día temprano después de una noche corta de últimos preparativos y ultimando el tapizado de los asientos. Recuerdo en la Misa de romeros el abrazo, de deseo de buen camino, a mi hijo que temblaba de emoción ante la nueva experiencia que afrontaría aquella misma tarde.

La salida de la Hermandad de la ciudad fue mucho más pausada que lo es hoy en día, no había tantos problemas con los Ayuntamientos de los pueblos que cruzábamos como hay ahora y, por lo tanto, se podía disfrutar del cafelito y un buchito de aguardiente al fresco de la mañana en cualquier velador de la Plaza de Cuba. En el cuartel de la Policía Nacional, donde se hacía el Angelus, teníamos programada la reagrupación de la organización, pues hasta ese punto de encuentro cada uno íbamos por nuestra cuenta. La salida de Sevilla de la Hermandad permite mucho la dispersión de las organizaciones por las muchas personas que la acompañan y lo estrecho de las calles por donde se transita, también porque no todos los componentes son ligeros a la hora de levantarse.

Desde allí, desde el cuartel, subimos hasta Mairena donde, en casa de Juanma, almorzamos informalmente y tomamos una copa con gran afluencia de peregrinos, que allí hacían parada y fonda, esperando al resto de la Hermandad. Allí comenzaba también nuestro camino en el charré pues, además de ser más fácil mecánicamente la operación, no creímos nunca conveniente bajarlo a Sevilla y así evitarle a la bestia que lleváramos el esfuerzo de subir la cuesta de San Juan de Aznalfarache.

Para el estreno de la nueva experiencia, de charré, nos quedamos un poco atrás los cuatro preparando un “costito”para el camino que nos quedaba hasta Cuatrovitas. Pusimos en una nevera: mucho hielo, ron, ginebra, whisqui, tónica, coca, naranja, limón, frutos secos, unas tortas de aceite y cortadillos para merendar, y unas limas pequeñitas y verdes para el roncito. Partimos muy despacio; sintiéndonos, gustándonos, y al muy poco tiempo los niños ya le habían cogido el aire al mulo, coliflor se llamaba éste, y por lo tanto nosotros los mayores podíamos relajarnos. No os digo nada de la tranquilidad ganada en el momento que salimos de Almensilla y entramos en los carriles y consecuentemente perdimos el peligro de la carretera y coches. Íbamos agustito, muy poquito a poco e hicimos mas paradas que hace en todo su camino de ida y vuelta la Hermandad de Córdoba, que creo que es la que tiene más días de camino.

Buchitos de ron con limón, mucho hielo y su trocito de lima creo que nos bebimos más de los que nos correspondían para todo el rocío, nos perjudicamos un poco o, a decir verdad, un mucho. Todo iba bien y disfrutando los cinco: nosotros dos, Juanma y yo, de arte; los niños disfrutando como locos, y el mulo, que se lo habíamos alquilado a Frasco, no había ido nunca ni a un rocío ni a ninguna romería con gente más tranquila y respetuosa con él: tiraba de categoría, iba a su paso, la boca y nariz con las riendas en manos de dos niños menores de 10 años, os podéis figurar, y de fusta usábamos una vara de cohete. En definitiva; de ole todos y por ese motivo no dejamos ni una sombra sin parar un ratito, tomarnos un buchito y echar un cantesito.

Lo malo empezó cuando se vino la noche encima y no escuchábamos nada más que los ruidos propios del campo y no veíamos ni rastro de cohetes, coches, remolques, ni nada de nada y de cobertura en el teléfono móvil cero. Habíamos pasado Monesterejo, por eso sabíamos que caminábamos en la buena ruta, pero la verdad es que nos habíamos despreocupado en exceso. Peor se puso la cosa cuando los niños empezaron a decir que tenían frío y no teníamos nada de abrigo que ponerles. Debió ser un “ángel rociero” el que nos visitó y nos debió inyectar imaginariamente B12 en vena pues la tranca que llevábamos desapareció de momento, pero poco arreglaba aquello pues sabéis que dice el refrán: de noche todos los gatos son pardos. No se veía a cinco metros y seguíamos sin tener ninguna señal que nos pudiera indicar nuestro destino.

No podíamos atemorizar a los niños y por tanto seguimos, la verdad que sin tener que esforzarnos, de cachondeo y con la conducta que habíamos traído toda la tarde quitando, evidentemente, las paradas y los buchitos. También ayudó a tranquilizarnos el recordar que habíamos previsto unos capotes para la lluvia que se pusieron los niños y dejaron de pasar frío. Hubo un momento que dice Alonso: si seguimos por este camino de la derecha, cuando pasé un ratito, llegamos a un puente. Nos miramos, Juanma y yo, y, como nada había que pudiera empeorar la situación, dijimos: pues tira por ahí. Entramos en el nuevo camino y no habían pasado cinco minutos el puente a la vista. Ole, tres o cuatro “yoyas” en el cogote de los niños, dos o tres bromas y el ánimo de todos para arriba. Dice otra vez Alonso: si seguimos por ese camino de ahí llegamos a un árbol muy grande en un ratito. De nuevo igual que antes y al poco tiempo un árbol más grande que la mar. Así fue diciendo referencias y en una hora más menos empezamos a ver explosiones de cohetes y lo mejor: nos empezó a llegar el sonido. Ya a lo lejos se escuchaban ruidos de motores y al poco tiempo empezamos a ver luces de vehículos a lo lejos. Ahora en frío es escalofriante pensar como un niño pequeño puede llegar a memorizar detalles que para los demás pasan desapercibidos.

Viendo ya que estábamos de nuevo en la civilización no tuvimos más remedio que parar un ratito y tomarnos un buchito, pues tampoco era necesario deslomar en el primer día a nuestro compañero coliflor. Al llegar a Cuatrovitas nuestras mujeres, las madres de los niños, nos estaban esperando a la entrada y os podéis imaginar los improperios y la bronca que nos echaron, eso que íbamos fresco como una rosa; bueno, la verdad es que más que fresco íbamos como Walt Disney los dos mayores y excesivamente preparados, técnica y físicamente, para empezar una noche que después fue generosa en vivencias y confraternidad rociera hasta tempranas horas del amanecer que comenzaron nada más desenganchar a coliflor, darle de beber un agua limpia y fresca y ponerle una espuerta de alfalfa como no se había comido en su vida.
¡Que buen rocío echaste, coliflor!

Bueno, vamos a dejarlo ahí, ¡miarma!. Ya os contaré más en otra entrada.

sábado 30 de mayo de 2009

CONSECUENCIAS DE UNA NOCHE DE DESVELO

No soy capaz de quitarme del pensamiento el tema del rocío. La verdad es que sin “acritud” sino más bien en tono “agradable”: me acuerdo de gente, recuerdo detalles de los caminos, recuerdo vivencias y, sobre todo, recuerdo anécdotas.

Ayer por la tarde tuve un “sofocón” con la foto de la carreta de Sevilla llegando a Cuatrovitas colgada por el Canónigo en su última entrada, Antonio la foto ya está como tapiz de mi escritorio espero que no te moleste, y por la primera frase de esa misma entrada. Que gran corazón tiene que tener y que buen amigo debe ser este Canónigo Alberico.

No puedo dormir y siento necesidad de hablar, en este caso escribir aunque sea torpemente, de mi ROCIO. Os cuento algunas anécdotas.

Preparando el primer camino que mencionaba en la anterior entrada, fui a la casa hermandad de Sevilla para ver cual era el método de unirse a la peregrinación. Ni yo ni ninguno de los que planeábamos ir éramos integrantes de la Hermandad. Preguntamos a la persona que nos atendió de entrada y nos dijo que no era necesario ser hermano pero, sí, que teníamos que hablar con el Alcalde Mayor de Carretas.
Este oficial de Junta era D. Joaquín Zulueta Trigo, "el Quini". Sí, el Quini famoso en Sevilla por ser Alguacilillo de la Maestranza, por ser Presidente de la Asociación de vecinos de la Ciudad Jardín, por ser otras muchas cosas más y lo principal, como descubrí con el transcurrir de los años, ROCIERO Y BUENA GENTE. Esa, la calle del Quini, sí que es una calle merecida y bien dedicada y no otras que están concediéndose en Sevilla, desgraciadamente, por un Ayuntamiento sin sentido y que ha perdido el norte, en muchos asuntos, para nuestro dolor y vergüenza.
Me pongo en contacto con él, con Quini, y me dice que lo único necesario para caminar con la Hermandad de Sevilla es querer hacerlo. Que tenemos que dar nuestros datos personales en la Secretaría y que teníamos que colgarnos en la medalla que llevásemos una cinta con los colores de la bandera de España que nos distinguirían como peregrinos, “oficiales”, de la Hermandad.
¿A que nos da derecho ir de peregrino y ponernos ese lazo? le pregunté inocentemente y su respuesta fue inmediata.
“Ese lazo te da derecho a empujar la carreta del Simpecado si se atasca”, así secamente dicho, como solía decir las cosas, y con la voz de autoridad asumida y trasladada desde el callejón de la plaza de los toros.

No era verdad, afortunadamente, lo que nos dijo pues, entonces la Hermandad de Sevilla, dejaba que se llevaran los macutos de los peregrinos en el carro de los cohetes; daba constantemente agua a los que íbamos alrededor del Simpecado a la vez que le daba a los carreteros; también iba “ el Verdejo” de Almensilla repartiendo bocadillos pequeños, cinco o seis veces al día, por cuenta de la Hermandad; y lo principal que nos daba aquel lazo que era la posibilidad de entrar en una Hermandad de señorío y que aún nos acoge en Ella.

Recuerdo con cariño cada vez que comentaba con Quini esta anécdota y se reía socarronamente diciendo: ¡a que te acojoné!, ¿eh?. Después descubrí en él a un buen hombre cariñoso y provocador de conversación. Muchas veces en los últimos años igual nos veíamos en los caminos, él en coche de caballo y yo como fuera: andando, en coche, en charré, etc., yo u otra persona cualquiera, pues vi usar esta estrategia con muchos, igual hacía en la taberna la Mina, en la casa hermandad o dónde fuera; te llamaba y te decía:
Illo, dame fuego por favor, hombre.
No tengo Quini era mi respuesta. Entonces él sacaba de su bolsillo un mechero y encendía el cigarro.
La inmediata pregunta mia era ¿entonces para que pides fuego, si tienes un mechero?
Y su respuesta ágil: sí, yo tengo fuego pero si no te lo pido no nos decimos ni buenos días y ahora como ves estamos hablando........ y ya seguía con la hebra pegá un buen rato, hablando de mil cosas: mataero, de tratos de ganao, de quites oportunos, de caballos, etc......., y, más que nada, de Rocío.

Recuerdo también una anécdota con “el Cani”, carretero del Simpecado de Sevilla muchos años. Habíamos pasado el centro estudio y me suelta de pronto.
Gordo, así me llaman mis amigos y así me decía él, tienes que coger a partir de octubre o por ahí, cuando pase la calor, e irte para mi cuarto algunas tardes, el cuarto le llama él al tinao donde tiene el ganado, y vamos a ver si te enseño a trastear a las bestias y el año que viene te vienes ayudándome.
Coño Cani, ¿y eso cómo es?, fue mi respuesta inmediata
Pues como va a ser, ¿tú no eres igual que yo? me dice.
Claro Cani, no voy a ser igual que tú, igual que cualquier tío vamos.
No gordo, tú no me estás entendiendo me dice, yo te digo que somos iguales porque los dos al final lo que hacemos es lo mismo: llevar a la Virgen para que la vea la gente.
Como entenderéis me dejó helado pues yo no sabía que él se había enterado por su hijo José, muy cofrade, que yo era capataz en Sevilla de una cuadrilla de costaleros. Me lo dijo de corazón y a poco que yo le hubiera puesto empeño seguro que hubiese tenido la oportunidad de hacerlo, lo estoy contando y aún se me erizan los vellos.

También con el Cani recuerdo con simpatía el día que me explicaba que había hecho una nave en el cuarto y que teníamos que quedar un fin de semana para comernos un arroz allí.
¿Es grande la nave? Cani, le pregunté
Sí, sí que es grande gordo: Allí he hecho una nave buena, pero buena de verdad, ya la verás.
Seguimos hablando del tema intrascendentemente y él nada más que hacía agregar invitados a la lista: pues tiene que venir fulano, y fulano también, y zutano también, y así llevaba media tarde, cada vez que se acordaba o veía a alguien que le agradaba: nueva invitación, llegado un momento dado le digo.
Cani, mucha gente estás invitando tú para el arroz ¿no te parece?, igual no cabemos tantos en la nave.
Que va gordo, la nave es grande. Fíjate si es grande que caben lo menos cincuenta o sesenta tíos acostados.

Ea, pues con ese sistema de medida a ver quien le llevaba la contraria.

¡Ven Rocío a mi alma aunque yo, este año, no llegue hasta Ti!

Ahí queó, hasta otro momento.

jueves 28 de mayo de 2009

HOY SE HA ECHADO MI HERMANDAD AL CAMINO

Yo no tuve la suerte de que mis padres me dejaran herencia rociera, como otras tantas cosas de mi vida me lo he tenido que buscar. Sí es verdad, que mi madre me enseño el respeto a muchas tradiciones y me transmitió el cariño hacía nuestra Madre Bendita, ella se llevaba bien con muchas advocaciones: Loreto, Macarena, O, Candelaria, Rocío y se llevaba la palma Ntra. Sra. De los Reyes. A Ésta, a la Virgen de los Reyes, la volvía loca pidiéndole siempre por su gente y por los allegados aunque, a fuerza de ser sincero, nunca le escuche pedirle nada material ni lanzarle ningún reproche aunque tuvo la experiencia peor que, creo, se puede tener en la vida, ver morir a una hija.

Creo que puedo llamarme rociero y también, cuando puedo, presumo de ello. Mi inquietud rociera nace desde niño cuando, dejando a un lado clases y demás asuntos, me iba desde el Salvador hasta la entrada de San Juan de Aznalfarache detrás de las carretas. Antes de esta marcha había ayudado, por la mañana temprano, a Antonio Mendoza, junto con mis amigos de entonces: Pepe Parra, Antonio Gómez, José María Martínez, José Manuel Buiza y otros a repicar las campanas cuando bajaba el Simpecado, desde la puerta que es donde se hacía la Misa de Romeros, hasta la Carreta de bueyes. Ni que decir tiene la paliza que me caía de mi madre cuando aparecía por el patio de la casa de vecinos donde vivíamos y el choteo, o ayuda a decir verdad, de las vecinas gritándole a mi madre: ¡Isabela, no le pegues más al niño por ir detrás de la carreta de la Virgen del Rocío!

Poca disciplina me enseñaban aquellas cachetadas y zamarreones, pues pasada una semana ya estábamos todos de nuevo esperando, en las primeras horas de la tarde, a las carretas en los escalones del Monumento al Sagrado Corazón que estaban junto a la gasolinera de San Juan. De regreso a casa a lo que entonces eran altas horas de la noche, es decir, las once o por ahí más o menos........., otra paliza y a dormir calentito.

Aquello pasó y en el tiempo que me duro el polleo e incluso hasta después de casado, me olvidé del Rocío.
No frecuenté esta devoción salvo en las visitas esporádicas que hacía a la Señora coincidiendo con viajes a la playa en verano o domingos que salíamos al campo con los amigos o familia para echar el día de recreo y de camino ir al Rocío para ver a la Virgen.

Fue en los años 80 cuando un grupo de amigos: José Guerrero, Andrés Moreno, Fernando González, Alfredo Álvarez, Goyo Solanes y yo, decidimos echarnos al camino sin más cobijo que un saco de dormir para cada uno, una tienda de campaña incapaz de cobijarnos a todos, una bolsa grande de latas de conservas y dos cajas de aguardiente de Alosno. Por aquel entonces la Hermandad de Sevilla permitía que los peregrinos pusiéramos la impedimenta en el remolque que llevaban para transportar cohetes y la comida de las bestias. Cuando llegamos a Cuatrovitas, entre lo cansado que íbamos y lo perjudicado que estábamos, pues nos dijeron que debíamos beber mucho aunque nosotros no entendimos que era agua lo que teníamos que beber, ni encontramos la tienda ni los sacos “ni na de na”. La verdad es que nos acostamos donde pudimos y dormimos como “benditos del cielo”.

Desde aquel año, han sido muy pocos los años que no he podido ir hacía Ella en días similares a éstos. Los primeros años sólo con los amigos que quedaron de los primeros y otros que se fueron agregando. Ya después con la compañía de nuestras parejas y posteriormente con la compañía de algunos de nuestros hijos. Han sido caminos de Amor, Camaradería, Cariño, Amistad, Buen humor, Pena por perdida de seres queridos y familiares, Alegría y, sobre todo, Devoción por la Virgen del Rocío a la que logré conocer en estos muchos caminos pasados siempre con mi Hermandad de Sevilla.

Cuantas horas de conversación con “el Cani” de Bollullos, y con su hijo Joselito; con Andrés -actual carretero del Simpecado-; con Juan -carretero de los Cabrera- y tantos otros de estos buenos rocieros que nos llevan hacia Ella. Cuanta filosofía de vida aprendida de estos nobles y sencillos hombres guardianes celosos del humilde oficio que atesoran con el sólo motivo del Rocío.

Este año no puedo ir hasta Ella y lo admito, con dolor y pena pero lo aguanto. Para ello hago mió el dicho que tienen los almonteños: Lo que la Virgen quiera. Ella dispone y nosotros lo único que podemos, y debemos, hacer es aceptar sus designios.

Buenos rocieros me han enseñado lo mejor del rocío, también ha habido grandes desengaños y mentiras proporcionadas por quienes se creen rocieros, y pueden que lo sean. Buenos recuerdos de mucha gente de la Hermandad de Sevilla que ya no están y otros a los que aplicarles la máxima evangélica de: apartaros de quien no os quiere y cuando salgáis de su casa sacudiros el polvo de las sandalias. Agradecimiento para aquellos que me han invitado y ayudado a sentirme útil con mi Hermandad y también para con los que habiendo tenido mal comienzo al conocerlos han sabido ser humildes y aceptar sus errores y hoy los puedo llamar amigos, en definitiva: Rocío, siempre Rocío.

Ahí queó, ¡miarma!, con dolor de mi corazón pero ahí queó.

¡VIVA LA VIRGEN DEL ROCIO!, ¡VIVA LA MADRE DE DIOS!, ¡VIVA EL DIVINO PASTORCITO! Y ¡VIVA LA HERMANDAD DE SEVILLA!

sábado 23 de mayo de 2009

EL TITULO, ESTÁ MÁS ABAJO. ¡MÍRALO!

Llevo unos cuantos de días muy deprimido, por todo y por nada. No sé.

Excesiva presión en el trabajo; por mucho que quieras, y trabajes, no salen los objetivos. Me encuentro infravalorado en casa por mi gente. No me salen las cosas como quiero, pretendo y me esfuerzo por hacerlas, en al Hermandad todo está más parado de lo que debería estar, etc.

Hoy me he despertado temprano y me he enganchado a la Web, entro en el blog y me encuentro que no ha puesto nada nuevo el Canónigo, ni la Cava, ni la Dama, ni Edward, ni ninguno de los amigos que frecuento.Para colmo la amiga Mercedes anuncia un cierre por puesta a punto personal, similar a la mía creo, reseteo la llama ella con su facilidad de palabra, de su rincón: Teoría del Caos.

Como estoy delante del portátil en el salón, y mi gente está acostada todavía, para no hacer ruido buscando entre los libros tecleo en Google: Benedetti. Empiezo a leer para ver si me vengo arriba con sus sabios consejos y facilidad de ver la otra parte de la vida pero está todo muy reciente lo que leo pues, a partir de su partida hacía allá, desgraciada y como del rayo, lo he frecuentado y hoy no le aporta nada nuevo a mi ánimo, que es lo que busco.

Pico entonces: Facundo Cabral; y de lo que sale pico al azar un enlace y empiezo a leer:

NO ESTAS DEPRIMIDO, ESTAS DESOCUPADO

Pues puede que sea verdad, pienso, y sigo leyendo:

No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay cinco mil seiscientos millones.

Crees que perdiste algo, lo que es imposible porque todo te fue dado. No hiciste ni un pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada.

No perdiste a nadie, el que murió sólo se adelantó porque allá vamos todos. Allí hay gente maravillosa esperando: Gandhi, San Agustín, La Madre Teresa de Calcuta, tus abuelos, tus padres, -y otros muchos añado yo personalmente, acordándome de gente que ya partieron-.

Haz lo que amas y serás feliz, el que hace lo que ama está condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación o compromiso, sino por amor. Dios te puso un ser humano a tu cargo, y eres tú mismo.

Además, la felicidad no es un derecho sino un deber, porque si no eres feliz, estás amargando a todo el barrio.

Y si tienes cáncer o sida, puedes perder dos cosas y las dos son buenas: si te gana, te liberas del cuerpo que es tan molesto: tengo frío, tengo hambre, tengo dolor........, y si le ganas: serás humilde, más agradecido, por lo tanto fácilmente más feliz.

Da sin medida y te darán sin medida.

Pues está decidido: publico esta entrada, me ducho, me visto y me voy a tomar una cerveza, me gustaría ir a casa del Moe pero me cae muy lejos hoy, por lo tanto: estaré por la taberna de Camacho en el Pumarejo o por la cervecería la Hierbabuena en el mercado de la Feria o también puedo caer por la cantina de la plaza a comerme una tapita de atún en escabeche. Ya sabéis, si me veis, estáis invitado. Seré capullo, ¿se puede estar deprimido después de leer estas cosas?.

Ea miarma, ¡vámono que nos vamo!

miércoles 20 de mayo de 2009

LA GENTE QUE ME GUSTA.

Desgraciadamente, en estos días atrás hemos perdido a uno de los grandes poetas: Don Mario Benedetti. Su grandeza consistía, principalmente, en la facilidad con la que hacía que cualquiera que leyera sus escritos los comprendiera sin tener que preocuparse por su grado de formación. Como muestra, lo siguiente:

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.

Me gusta la gente con capacidad de asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite, huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.

Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo mismo, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de si, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.

Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. A éstos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.

Me gusta la gente que con su energía contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente de criterio, la gente que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. La gente que lucha contra adversidades.

Me gusta la gente que busca soluciones.

Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por su estereotipo social ni como lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.

Me gusta la gente que tiene personalidad.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la Fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor por los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse gente.

Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que de tenerlos junto a mi me doy por bien retribuido................

¿Es para estar de acuerdo con él, o no?

Para mi está claro que Mario, está disfrutando de la gloria que se ganó en vida. Este es mi ínfimo homenaje.

Ahí queó, hasta otro día.

lunes 18 de mayo de 2009

¡APRENDICES DE UN NOBLE OFICIO!

Es lamentable para mi llegar, y aceptar, el punto al que estamos llegando en el tema de los costaleros. Sí, digo lamentable por ser yo uno de los primeros que empezó en esto del movimiento de costaleros hermanos y que he tenido la suerte de gozar la filosofía de Hermandad que salió de aquel movimiento y de haber hecho y mantenido muchos amigos salidos del mundo de las trabajaderas.

En entradas anteriores, de este humilde rincón, he dejado muestras de lo que os digo en el párrafo anterior y, por lo tanto, no entraré en detalles. Si hasta aquí me he referido siempre al costalero de Semana Santa o bien de Hermandades de Gloria, hoy lo quiero hacer de los costaleros que están empezando en las cruces de mayo.

Este fin de semana pasado los chavales del grupo joven de una de las Hermandades a la que pertenezco han organizado y sacado una cruz de mayo. Ha sido gratificante para mi el ver como esta actividad de la cruz puede ser una buena escuela para que empiecen a ver lo que se les viene encima al coger la responsabilidad de una labor de Hermandad. No es que yo sea sádico, nada más lejos de la realidad, pero he visto como ya desde pequeño hay quien se escaquea, quien es irresponsable, quien es enterado, quien busca el protagonismo vacuo y quien es responsable con el compromiso contraído y es capaz de luchar contra todos los inconvenientes que le van saliendo por el camino; y esto lo considero bueno que les ocurra ahora y no se lleven sorpresas cuando crezcan y les llegue la hora de tomar responsabilidades de gobierno y piensen que es verdad todo lo que se habla de los “sufridos cofrades” que pululamos por este mundo de las Hermandades.

Bueno, volviendo al principio. Lo peor que han llevado y lo que más sufrimiento les ha dado a mas de uno de ellos ha sido el tema costaleros, os explico: Desde que empezaron con la primera iguala ya se enfrentaron a los chavales que se acercaron en grupo “constituido”. Éstos llegaron formando gresca, fumando, diciendo tacos –algunos bastante gordos para su edad- y en definitiva “haciendo el gamba”. Sé que el Hermano Mayor de la Hermandad, en una pequeña charla, les dijo que el tema de la cruz de mayo era para que se divirtieran, pero que habrían de seguir unas pequeñas normas sobre lo comentado anteriormente de: no fumar, no decir tacos, usar vestimenta adecuada a la filosofía y formas de la Hermandad y, sobretodo, de comportamiento pues, aunque cruz de mayo de chavales, la misma se nombraba con la coletilla del nombre de la Hermandad y por lo tanto ese nombre nos obligaba a mucho. Aceptaron las normas y en los ensayos, aún con la chulería de muchos de ellos, salio la cosa bien aunque con las “tonterías” de saber que estaban trabajando con chavales de entre catorce y dieciocho años.

Llega el día de la salida y el grupo este, antes mencionado, de enterados se presenta vestidos como se les había dicho que no podrían ir y lo peor amenazando que si no se les dejaba se irían y a ver quien sacaba aquello. Ante las explicaciones que se les dieron a sus preguntas, del por qué de aquellas medidas, muchos de ellos se mostraron de acuerdo y transigieron y otros se mantuvieron en su postura de fuerza. Había figuras que eran para morirse del empacho: chavales con zapatillas de un color y forma en cada pie, muchos calcetines con los colores de la bandera de España y pantalones remangados hasta la rodilla, costales de los colores más diversos, ropas que les tapaba los ojos e incluso algunos les llegaba a la punta de la nariz y lo que más me sorprendió es que algunos de ellos usaban un guante blanco en la mano derecha.

Lógicamente no había ninguna “ropa” bien hecha, estaban fajados de forma que para el diafragma de algunos representaría peligro de la presión que soportaba, cada ropa la veías a una altura y después en el transcurso de la tarde veías a alguno de ellos que llevaban el trabajo señalado a la altura de la nuca y otros cercano al sitio donde la espalda pierde su nombre, la mayoría de ellos trabajan con los talones y entre el suelo y la puntera de la zapatilla había más de cinco cm., principalmente los “pateros”. No es que no se les dijera nada de las ropas y los demás detalles, pues por allí andábamos gente que hemos estado treinta y tantos años sacando pasos, es que no admiten ninguna opinión y uno de ellos llego a decirle a un costalero de la Hermandad con muchos años ya en el cuello- yo tengo ya muchos pelos en los huevos pa que tú me digas lo que tengo que hacer - . Igual contestación le dieron a otra persona que les llamo la atención por dejar una botella de cerveza vacía en una ventana del Ayuntamiento. En definitiva, confusión o más bien caos.

Mirad, cuando yo empecé de costalero con dieciocho años aceptábamos todos los consejos que nos daban los costaleros profesionales que se acercaban a nosotros, y eso que no todos venían de buena voluntad. Las igualadas eran un momento de tensión pues temías que te dijeran que no cabías o que no servías para ese trabajo. Cuando se acercaba el capataz era como cuando en el colegio se acercaba el profesor al que temías por ser riguroso en las formas. El sentido de la disciplina era total y el de obediencia no merece ni comentario. Pues todo esto ha cambiado, los chavales que empiezan han aprendido todo lo malo del oficio de costalero y serán una desgracia cuando pasen dos o tres años por ellos y empiecen a adherirse a las cuadrillas de costaleros de la Semana Santa o Glorias. Como no sepamos parar este movimiento y reconducirlo a la senda del sentido común en pocos años veremos, desgraciadamente, como se deteriora a pasos agigantados todo este movimiento de costaleros.

Es indudable que en la medida de posibilidades lucharé para que los niños de mi Hermandad no tengan que vivir más el mal trago de soportar a esta pandilla de indeseables imberbes.

Ahí queó, ¡miarma!, que ya está bien.

miércoles 13 de mayo de 2009

¡VA POR TI, CANÓNIGO ALBERICO!


Hola Antonio: lo prometido es deuda. Como te dije en un comentario mio el día de tu penúltima entrada referente a los sentimientos béticos. Con mis sentimientos quisieron jugar hace muchos años y yo, al menos, me resistí.
Lamento no poder recuperar la carta que en su día envié al Real Betis Balompié, S.A.D. en relación con el sentimiento que tenemos los béticos. La tengo en el primer PC que tuve en servicio, pero no soy capaz de recuperarla. Como sí tengo un borrador en papel de la misma haré la trascripción aunque no será fiel al 100% con la enviada.

También acompaño la carta de contestación que recibí del Real Betis por escrito. Con aquel escrito me desahogué y además, siempre me quedará un entrañable recuerdo de la conversación que tuve en aquellos días con dos ídolos para nosotros los béticos: D. Luís del Sol y D. Pedro Buenaventura en la Secretaría del Club. Indudablemente a Jesús de la Salud le regalaron el carné y lo ha mantenido hasta el pasado año que ya lo aburrieron, los jovenes son más inteligentes que nosotros los mayores y aguantan menos, decía así el escrito:


Muy Sres. míos:
El motivo de la presente es para comunicarles el desengaño que tuve el pasado día 29 de los corrientes, en las taquillas del Club, al acudir para abonar como socio a mi hijo Jesús de la Salud, que tiene cinco años y que le ha pedido a los Reyes Magos el carné para podernos acompañar, a su hermano mayor Rafael y a mí, los domingos que haya partido.

Este desengaño fue motivado porque al dirigirme al empleado de la taquilla, éste me comunica que tengo que pagar, además del importe del carné, 15000,00.- pta. por el asiento. La verdad es que no sé a que asiento se refiere pues, en la Tribuna de Fondo donde solicitaba el carné, no existen tales asientos. Tanto la temporada pasada como en esta actual ni mi hijo Rafael con carne de socio nº......., ni yo con carné de socio nº ........., hemos podido hacer uso del asiento que tenemos pagado al no estar terminada la tribuna y por lo tanto no estar instalados los mismos. Por favor no me hagan pagar por un servicio que no me brindan y menos para un niño de cinco años. También pueden comprobar, en los archivos del club, que no hemos hecho uso del derecho que puso el club a nuestro servicio de poder acceder a los asientos de Tribuna de Preferencia con el fin de sólo ocupar una única localidad; ya que, de usar éstas de Preferencia, no podrían venderlas y causaríamos un perjuicio económico al club. Como me decía mi padre cuando había algún inconveniente con el Betis y yo protestaba: “ahora es cuando hay que ser bético”.

Lamento que nuestro Presidente haga en los medios de comunicación tanta ostentación de sus sentimientos por este club heredados de su padre y se enorgullezca de proteger a sus socios en este sentido. Tanto como para llegar a guardar en las dependencias del campo las cenizas del padre de uno de los nuestros y así que no tenga problemas en los controles de accesos pero cuando llega el tema del dinero: se nos olvida todo y, entonces, pasa a ser sólo una EMPRESA.

Por favor, no jueguen ni terminen con mis sentimientos. No me hagan creer que ya no soy bético y sí cliente de TEGASA. No, miren, cuando paso por la avda. de la Palmera mi corazón late a otro ritmo. No le digo nada cuando acudo a un partido: se me hincha el pecho, se me eriza el cogote, se me ponen los bellos de punta, me alegro en grado sumo en los buenos momentos, sufro en los malos y he salido muchas veces del campo con lagrimas en los ojos y temiendo por mi salud del sofocón o el gozo que en esos momentos he sufrido o disfrutado. Les aseguro que nunca he sentido nada de lo narrado anteriormente cuando entro en El Corte Inglés, en la Ford, en la Telefónica o en cualquier otra empresa con las que tengo relación.

Pienso muchas veces que, afortunadamente, nada me dejó mi padre en herencia de valor material; pero de valores sentimentales tengo para escribir varios libros. Y de entre esos valores el poder llamarme BETICO es el mejor. Eso pretendo hacer con mis hijos, pues como no sé si podré dejarle valores materiales, los sentimentales se los tengo siempre presentes y a flor de piel para que aprendan lo que es vivir por unos ideales.

Afortunadamente, para mi, mi problema no es económico y por lo tanto no me supone, gracias a Dios, ningún quebranto el ingresar, las 15000.- pta. del precio del asiento, en la institución benéfica que me indiquen en nombre del Real Betis Balompié.

Sin otro particular, esperando y deseando sepan entender el motivo de esta carta, quedo de ustedes afectísimo. En Sevilla a 31 de diciembre de 1998.
Con todo y con eso: ¡Viva el Betis manque pierda, miarma!


viernes 1 de mayo de 2009

TODO CON SU JUSTA MEDIDA, ES MEJOR ¡MIARMA!

Al igual que la Semana Santa para mí entender, con la llegada de las Cofradías de vísperas, se me antoja muy larga; a la feria de abril le estamos haciendo un flaco favor por alargarla insoportablemente.

Empezamos el sábado de la semana anterior a su celebración para ver como se está planteando el montaje y hablar con los responsables del mismo y como no, nos tomamos una copita por los alrededores. Al día siguiente, domingo, nos damos una vueltecita, por aquello de vigilar decimos, y nos tomamos otra copita.

Ya el viernes de vísperas es “imprescindible” dar otra vuelta para ver como está todo en condiciones y preparado y, cuando comprobamos que es así, entonces ya no es una copita lo que tomamos; nos tomamos un trofeo ya que, pensamos, nos lo hemos ganado por lo bien que lo hemos hecho. El sábado ya está programada alguna cosa en las casetas: cena, copa de preferia, despedida de soltero, cumpleaños de algún socio, etc. Nos vale cualquier justificación para caer de nuevo por la feria. El domingo ya sabemos: garbanzada, arroz, pimentada, huevos fritos, como le queramos llamar pero día de feria en definitiva. Lunes: cena del pescao, a mi como al Sr. Burgos no me gusta decir “pescaito”, con la consiguiente noche que parece que es el colofón de la feria en vez del comienzo oficial.

Creo que hasta aquí al menos, todos estaremos de acuerdo. Yo este año, tanto ayer jueves como hoy viernes me los he tomado de descanso. No sé si más por gusto o por obligación. Mi riñón ha dicho “illo, párate un poquito miarma que me vas a reventar”; mis pies me han dicho que se niegan a entrar en los zapatos aunque he probado con todos los que tengo que, no es que sea Calzados Rodríguez el zapatero pero, algunos hay; al cinturón le voy a tener que agregar un trozo para poder abrocharlo; el botón de las camisas que coincide con el ombligo ha empezado a ser una amenaza pública para todo aquel que esté tomando una copa conmigo o simplemente no tenga la precaución de coger un asiento que no esté situado frente a mí pues, si llega a romper, al que le de un botonazo lo mato o por lo menos le salto un ojo. Además de todo esto anterior está la cartera. Ésta no puede estar más tiesa y aún quedan dos días completos de feria además de los eludidos.

Creo que nos hemos metido en una dinámica insoportable, y ahora hablo en serio, las fiestas como todo tienen que tener las medidas justas por muchos y variados motivos. Hemos alargado artificial e inusualmente la feria para no ganar nada pues con la medida en exceso que le hemos dado no somos capaces de soportarla y el que no la corta por la mitad, como he contado que me ha pasado a mí, la cortará al final o tendrá que buscarse cualquier justificación para no ir a la feria. La hemos alargado en demasía y se nos puede ir de la mano, sino se nos ha ido ya.

Seamos cabales miarma, que no por mucho madrugar amanece más temprano y tengamos paciencia que es la madre de las ciencias, como pregonan los refranes, y volvamos a lo que siempre fue desde hace más de cincuenta años: seis días de feria y el “cominito” del pescao que le añadimos hace unos pocos años.

Como no le pongamos remedio acabamos todos como “el asomaito” del Canónigo en http://losbocoydepepe.blogspot.com/, escondiéndonos por las esquinas y diciéndole al que nos toque por detrás para llamarnos la atención en la bulla: “a mí también me deben”.

Ahí queó miarma, hasta otro día y si me véis por la feria ya quedáis avisados del botón barriguero y traicionero.