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10 dic. 2017

RECUERDOS Y AÑORANZAS

Son muchos los días que me acuerdo de ti amigo. Por detalles; en acciones de personas con las que trato; o por mil diversos motivos; pero hoy con más razón.
Llegaste tarde a mi vida, aunque me dejaste una huella indeleble y profunda. Y eso que no eras un dechado de agradabilidad aparente, pues te gustaba aparentar y parecer un tanto “agrio” aunque después “las papas del sentimiento” delataban tu humanidad en el brillo acuoso de los ojos.
Hoy me he acordado de ti por tu cabezonería. Por el placer que te negaste de tener un nuevo amigo, en este caso amiga, peludo. Te entendía, y así te lo dije, al saber que no querías asumir lo que suponía, contraías y podía significar el dejarle a tu compañera la responsabilidad de su mantenimiento y cuidado aún sin saber, entonces, lo rápido que te irías de entre nosotros.
Hoy de nuevo te he sentido junto a mí protestando, como tantas veces hacías porque tu ya para siempre “segundo”, y yo, te hacíamos ver la sinrazón de tu actitud y cabezonería en ciertas decisiones que tomabas y que, sin embargo, te acatábamos.
También te he sentido riendo y poniendo la cara de circunstancias de cuando de verdad estabas a gusto. Y te sentías feliz en la adversidad aparente; o cuando te besaba uno de los hijos de tus muchos sobrinos; o cuando te hacían una “cabronada” uno de tus compadres del alma; o cuando te metías conmigo, diciéndome maricona y prioste, porque te decía lo bonito que estaba un Jacaranda en flor yendo, o viniendo, de camino a comernos unas manitas de cerdo en la Ciudad Jardín.
Ni a soñar que te hubieras echado, hubieras sido capaz de imaginar lo feliz que me he sentido participando en la búsqueda de una compañera para tu compañera. Ya está en vuestra casa; y vuestra casa estaba preparada para recibirla; y hará, seguramente, muchas trastadas; pero le transmitirá la felicidad que solamente un perro feliz y sano es capaz de proporcionarnos a los humanos.
Parece que te estaba viendo, esta tarde, en tu sillón, con cara de circunstancias y muy serio, o simulándolo, pero deseando que todos nos volviésemos o despistásemos para acariciar y achuchar a tu nueva inquilina. Eso que te perdiste, cabezota, y no te lo afeo por entenderlo perfectamente. Sí siento que no hayas podido ver la cara de felicidad y satisfacción de tu compañera; igual que te has perdido la cara de felicidad de tu amigo de toda la vida llevándola con la correa, desde su casa a la tuya, paseándola orgulloso como un chiquillo de diez años.
En fin, amigo; que estoy feliz y necesitaba contártelo y contárselo a los que te querían, te quieren y te seguirán queriendo y recordando día a día. Los nombres no son necesarios, ¿para qué? Esto podría ser una fábula; o un simple cuento de Navidad en el que uno de sus principales protagonistas estuviera ausente, o fuese el amigo invisible tan de moda en estos tiempos; aunque yo estoy seguro que es tan partícipe como cualquiera de nosotros.

Perdón, siento que me equivoco. Sí creo que hay un nombre importante, y es el de la principal protagonista de esta historia: KENIA.

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