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16 ene. 2011

MI ÚLTIMA MENTIRA PIADOSA

Hace unos días, leyendo esta entrada en el blog de la amiga “Impresiones de una tortuga”, creí entender que hablaba de, lo que normalmente llamamos, una mentira piadosa. Yo, antes, era partidario de hacerlas pero fui durante dos años prisionero de una y juré que jamás diría nada que no fuese verdad a no ser por un motivo intrascendente. Os cuento porqué.

El pasado 28 de septiembre ha hecho 17 años de la muerte de mi hermana Loli. Su edad entonces era de 43 años y contaba 10 años más que yo. Tenía tres hijos de 21,19 y 12 años de edad y una vida feliz y de mucho trabajo que les había concedido, a ella y a su familia, un negocio prospero, y muy rentable económicamente, que les permitía gozar de una vida desahogada en Madrid, que era donde vivía.

Dos años antes con 41, había empezado a tener molestias y malestares que se le tradujeron en el diagnóstico de un cáncer de mama. Fue tardío este descubrimiento y también debió influir el menos efectivo conocimiento de entonces y los medios para atacarlo, lo cierto es que en proceso largo de los dos penosos años mencionados, generó un proceso de metástasis generalizada que acabó con su vida.

Cuando tuvo conocimiento de su enfermedad, valientemente afrontada en todo momento, coincidió que en los dos meses posteriores mi madre empezó con molestias en la vesícula biliar y todo el aparato digestivo. Al final se concluyo, por el médico que la atendía, que lo oportuno era una extirpación de la misma y así se hizo en la clínica La Salud, que entonces estaba en la Ronda de Capuchinos. Lo que se planteó como una cirugía menor y un diagnóstico certero, devino en una intervención con falta de medios técnicos y un diagnóstico erróneo totalmente, pues, lo que realmente había, era un cáncer de páncreas. Cuando mi hermana supo de esta incidencia, demoró el primer ciclo de quimioterapia que le debían aplicar pues no quiso privarse de acompañar a nuestra madre en tal difícil momento. Se vino a Sevilla y por aquí estuvo quince días que fueron, a la postre los últimos que pasó con nuestros padres. Todos sabéis que se dice que los padres siempre tienen un hijo predilecto, yo particularmente creo que es verdad. Por circunstancias siempre hay uno que es más endeble, más amable, más travieso, etc. que lo hace más atractivo a los ojos de sus progenitores. En el caso de mi hermana eso nunca planteó dudas y cuando se casó y se fue para Madrid se evidenció más en esta predilección de nuestro padre hacia ella.

Cuando regresó a Madrid comenzó con los tratamientos e intervenciones que le hicieron y con todas las consecuencias lógicas que aportan: molestias digestivas, pérdida de cabello, malestar general y otras que, gracias a Dios, hoy están mejoradas en mucho pero que en aquella época eran temibles. Fue ella la que decidió que no se les dijera nada a nuestros padres de su enfermedad y así lo hicimos, mi hermana Carmen y yo, les mentimos piadosamente cuando preguntaban por el extraño comportamiento que adopto, según ellos, mi hermana una vez regresada a Madrid. No cabía en sus cabezas que su hija mayor no viniera en las fechas señaladas a Sevilla como siempre antes había hecho, no llamara más a menudo interesándose por el estado de mi madre y otras tantas quejas que sobre su actitud sentían con pena y desagrado.

Yo tuve que contener a mi padre de un viaje a Madrid que quería realizar para recriminar a su hija del mal comportamiento y la falta de interés que estaba mostrando por la enfermedad de nuestra madre. Yo tuve que escuchar muchas veces como mi padre hablaba mal de la niña de sus ojos entre lágrimas ahogadas en la barra de cualquier bar pues está claro que nada se hacía en casa o donde pudiera llegar a oídos de mi madre que siempre mediaba y quitaba importancia al tema cuando mi padre, aunque fuera superficialmente, lo trataba de sacar.

En el mes de agosto del año 93, tuvo mi hermana una recaída muy grande y trastocó un poco toda la metodología que teníamos adoptada para atender y acompañar a mi madre en las largas estancias que estaba hospitalizada y convaleciente de las múltiples intervenciones que tuvo que soportar, atender a mi padre que ya era un hombre de setenta y algo de años, los dos hijos que yo tenía y. lógicamente, el trabajo de mi hermana Carmen y el mío que tampoco podíamos descuidar aunque, en ambos casos, nuestras empresas nos brindaran toda la colaboración necesaria y nunca tendremos el tiempo suficiente para agradecerlo. Para ello pedimos la colaboración de mi tía Catalina, hermana de mi madre, que vivía en Olot y de mi tía Isabel, hermana de mi padre, que vivía, y vive afortunadamente, en Carmona.

Mi hermana Carmen se fue a Madrid, inventándose para ello un viaje de trabajo, casi un mes para ayudar a Minerva, la cuñada de mi hermana, que era quien atendía a Loli y la ayudaba a llevar la casa para adelante pues mi cuñado, por su negocio, viajaba constantemente y era Minerva quién la acompañaba en sus estancias hospitalarias. Rosi, mi mujer, se hizo cargo de la casa de mis padres y de toda la organización logística de las dos casas y mis tías se dedicaban a acompañar y cuidar a mi madre, día y noche, pues no se podía valer sola. A mediados de septiembre fuimos Rosi y yo a Madrid para ver a mi hermana a la que ya habían desahuciado y metido en el tratamiento de morfina. No se me borrará en la vida aquellas imágenes del deterioro personal al que te puede llevar esa enfermedad. Tampoco la entereza en la lucha de una persona que no quería dejar desvalido a su hijo pequeño y que decía que le tenía que ganar a aquella enfermedad cabrona. No dejé de pedirle a Dios, desde aquel día, que la recogiera, que acabara con aquél insulso padecimiento y mi fe creo que ayudo a conseguirlo en pocos días.

La debacle total llegó cuando murió Loli. Entonces tuve que hacer frente a comunicárselo a mi padre que, como os he contado, no sabía ni que estaba enferma, a mis tías que tampoco lo sabían y, lo peor, a mi madre que entonces estaba recién operada de una semana e ingresada. Para decírselo hablé antes con D. Juan Martín Carter, que era el médico que la atendía, a fin de consultarle por la forma de hacerlo y pedirle que me dijera si era conveniente. Su contestación fue reprocharme por habérseme ocurrido ocultar un tema tan delicado como aquel y que era claro que había que afrontarlo. Le administró unos calmantes a mí madre y él me indicó el momento de hacerlo junto con una enfermera del servicio con la que ella había cogido bastante confianza y tenía mucho afecto y, por qué no decirlo, cariño.

Nunca más mentiras piadosas, me juré. Después de la muerte de mi hermana la de mi madre llego en menos de un año. Mi padre cayó en una depresión por angustia y culpabilidad, que le costó dos años de tratamiento psicológico, por los comentarios que había realizado, en los dos últimos años, sobre el comportamiento de una hija a la que llegó prácticamente a repudiar y no querer ni siquiera hablar con ella por teléfono.

Que Dios me perdone si en aquella ocasión obré mal al mentir a mis padres, sé que ellos sí me perdonaron.

Esta es mi experiencia con las mentiras piadosas y la hago pública por si a alguien le sirve de ayuda en algún trance parecido, que Dios no lo quiera, le pueda venir de camino.

Hasta otra miarmas.

16 comentarios:

yo soy, NaturalDeSevilla dijo...

Dios, no tengo palabras, sobre lo mucho que sufriste y lo mal que se sintieron todos los implicados con esa mentira piadosa, tan piadosa como indulgente. Se me parte el corazón, un abrazo

El Humilladero dijo...

Podemos errar en nuestros actos como humanos que somos pero, nunca en la intención de hacer el bien...
Un abrazo Fali.
Manolo.

Sombras Chinescas dijo...

Supongo que alguien podrá exponer algún caso igual de duros sobre las consecuencias de una verdad descarnada. En ocasiones es difícil decidir y, en otras, simplemente no hay decisiones buenas y debe elegirse entre lo malo y lo peor.

Un abrazo.

Lola Montalvo dijo...

Valiente entrada. Valiente, sincera y honesta. Me has puesto los vellos como escarpias, porque yo he vivido situaciones de este tipo... al otro lado. Las personas que obran con buena intención para evitar un daño a otra pocas veces pueden entender que esconder información es casi, infravalorar la capacidad de cada cual para afrontar un dolor extremo, una pérdida inminente.
Me quito el sombrero ante esta entrada, Rafael. Besos miles

José Miguel Ridao dijo...

Me has dejado sin palabras. Jamás se sabe qué es mejor; obraste bien.

Un abrazo.

X dijo...

Es que en aquella situación, mentir o no mentir... no imagino el dolor, pero hubo de ser inevitable de una manera u otra. Mejor decir la verdad siempre, se dice. Pero no te angusties, que no habría sido mucho mejor (o menos peor) de lo que ya fue. Comparado con lo que tuvisteis que pasar, el hecho en sí de comunicarlo antes o después no me parece más que unos flecos sin importancia. Elegiste, que no es poco.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

No Antonio, las que sufrieron fueron las que marcharon y mi padre. Yo simplemente viví una más de las situaciones difíciles que me ha ido proporcionado la vida.


Gracias Manuel, por tu apoyo. Estoy seguro que hoy afrontaría el tema de una forma muy diferente. En aquel tiempo si eche de menos el apoyo de personas muy cercanas a mi.


Gracias Juan Carlos, efectivamente hay que tomar decición y lo hice pero excesivamente condicionado.


Me supongo que es un tema del que conocerás muchos ejemplos Lola, y sabrás lo difícil que es siempre. Ahí si recibí el apoyo de profesionales de la sanidad que en otras ocasiones te he comentado.


Por eso lo importante es recordar los momentos buenos, como el de la foto del perfil Ridao.

Gracias a Dios está superado Comandante.

Muchas gracias a todos, por vuestros comentarios y apoyo.
Os envío un abrazo de corazón.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Esta es la ayuda de la que mucha veces os hablo que me ha proporcionado este rincón. En él, hay volcada muchas de las cosas que me han ido pasando en mi vida y que no se han resuelto satisfactoriamente en lo psicológico.
Comprenderéis que estos temas es difícil tratar en conversaciones normales con amigos. Peor aún, cuando esos amigos no me prestaron en su momento ningún apoyo ni ayuda.
Tampoco ninguno de ellos, prestó la menor atención cuando salieron muchos de estos fantasmas mal resueltos y caí en la depresión que me llevó casi dos años superar.
Mi agradecimiento al blog por todo ello.
No quiero confundir a nadie, cuando cuento estas cosas. Lo único que pretendo es que no se vuelvan a enquistar y que tengan una salida lógica de mi cabeza. Si este es el medio de que así sea, por bienvenido lo tomo.
Hay una corrección en el tiempo como me ha dicho Rosi, son veinte años los que han pasado no diecisiete como escribí y nueve los años que tenía mi sobrino menor, Alberto, y no doce.
Lo dicho, mi agradecimiento para este medio, para mí terapeútico y para todos los que por aquí pasan, comenten o no.
Saludos.

El Naranjito dijo...

Amigo Rafael, me gustaría mandarte mi agradecimiento porque me haces pensar y mucho. Siempre he pensado que no podía permitirme el lujo de tener una depresión, me lo tragaba todo y me lo sigo tragando. Dejate cuidar por tu gente, saldras ganando. Un saludo.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

No te tragues nada Naranjito. Sácalo como puedas, pero no lo retengas, que al final siempre pasa factura.
Mi apoyo en aquel duro momento sólo fue de Rosi, mi mujer, y de mi perro Quillo un cocker del que he hablado varias veces por aquí. Siempre que nombras a vustro gato me lo recuerdas.
Un abrazo

impresiones de una tortuga dijo...

¡Ostras!, Rafael me has dejado bastante jodida.
Ésa entrada no la hice por gusto.
No sé porqué, ésa frase me martilleó la cabeza durante días.
Me resitía a ponerla, porque me parecía bastante catastrofista, pero algo en mi interior me decía que la pusiera.
Busqué fotos que le fueran bién y, has visto que puse una alegre, porque me seguía pareciendo muy dura la frase, pero a todas horas, la frase en mi cabeza, empujándome a escribirla.
Te juro que no pensé en mentiras piadosas, ní nada por el estilo, sólo el martilleo de la frase en mi cabeza y el impulso de escribirla.
Lo que cuentas, es una verdadera tragedia, querido Rafael, pero quizás necesitabas contarlo para sentirte mejor...¡no lo sé!.
No sé cómo hubiera actuado yo, en ésa situación, pero creo que no debeis sentiros culpables. Actuásteis de buena fé y éso es lo importante, no podemos volver atrás, debemos seguir adelante con nuestros triunfos y nuestros errores en la mochila.
Perdóname si te he hecho daño, pero te juro que "algo" me empujó, durante varios días a escribirlo tal cual y, la verdad, nunca sabré porqué.
Un abrazo Rafael.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Pues a lo mejor, el porqué de ese martilleo, era que yo pudiera sacar de mi memoria ese ingrato recuerdo; y que a otros que lo leyeran, les pudiera servir alguna vez como posibilidad de análisis, antes de tomar una decisión de ese calibre.
En absoluto me has hecho daño Tortu, es más, te agradezo me dieras pie para abrir el "cajón" de los recuerdos
Gracias a Dios, todo está superado y mi cnciencia firme en que obré que era lo importante en aquel momento.
Un beso.

impresiones de una tortuga dijo...

Me alegró saber que lo tienes superado Rafael, después de semejante sufrimiento, creo que te mereces una tranquilidad de espíritu. Un abrazo, amigo.

Lisset dijo...

Querido Rafael, ¡Cuanto dolor! No me imagino estar en tu piel, la verdad, pero te puedo decir que hacemos elecciones a diario y muchas veces no tenemos claro en qué van a resultar. Hiciste lo que pensaste que debías hacer y de alguna forma, has aprendido algo que quizás debías aprender y es que a veces hay que enfrentarse a todos los miedos y a las verdades por muy feas que sean, porque quizás conociéndolas, les sabemos dar la vuelta mejor. El perdón lo tienes de tus padres, ahora estaría bien que te lo concedas a ti mismo, ya sufriste bastante. Siento mucho lo de tu madre y tu hermana y por supuesto, el dolor que también pasó tu padre. Un abrazo fortísimo.

Perol y Mortero dijo...

En primer lugar agradecerte tu visita a mi blog Perol y Mortero. Por circunstancias familiares relacionadas con la salud (aunque nada de importancia), he estado alejada de este mundo un tiempecito. Afortunadamente, parece que todo va volviendo a la normalidad.

No te sientas culpable de lo que en su día hiciste con la total convinción de que hacía un bien. Lo importante es actuar en cada momento con la total certeza de que hacemos lo correcto. Errar es de hombre y rectificar es de sabios.
Nada, viniendo de ti, puede tener mala intención.

Me he emocionado mucho con tu entrada, hasta se me ha escapado una lágrima, y es que hechos así, es imposible evitar que nos hieran.

Un fuerte abrazo

Verdial.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Gracias Lisset por tus palabras de ánimo y apoyo. Está superado pero no lo quiero olvidar y la verdad es que fue duro pero también me dió mucha experiencia de vida.
Gracias de nuevo, un beso.


El problema fue que no lo supe exteriorizar y este tema y otros muchos me pasaron factura y caí en depresión. Ya paso y ahora puedo decir que está somatizado.

Pasar por tus rincones, Verdial, es siempre un placer, eres de las personas que más me gusta como escribes.
Espero que lo de los males haya sido pasajero y solucionado y puedas volver al día a día.
Un beso.