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20 feb 2010

RECUERDOS DE CUARESMA

Fue en la tarde del 7 de abril de 1973, cuando después de haber llevado por la mañana el paso del Señor de la Salud al convento de Madre de Dios, se exilian por primera vez las Imágenes de la Hermandad de la Candelaria. En días anteriores y con toda la premura necesaria, se había decidido este traslado debido al mal estado que presentaba la parroquia de San Nicolás, esta situación fue certificada por el Arquitecto D. Fernando Villanueva y la medida se llevó a cabo sin estar autorizada por el Cabildo General de hermanos al no haber tiempo material para ello.

No constan en los anales de la Hermandad, de Martín Carlos Palomo, las normas estrictas que se le dio a la Junta de Gobierno, por parte de la Comunidad Religiosa, para el montaje de los pasos y todo los concerniente y necesario para la Estación de Penitencia a realizar en la tarde del 17 de ese mismo mes. Estas normas, consistían básicamente en un horario limitado de 10 a 1,30 por las mañanas y de 16,30 a 19,30 por las tardes y sólo lunes, martes, jueves y viernes ya que los miércoles permanecía la Iglesia abierta para la visita a San Martín de Porres, los sábados por estar la comunidad de limpieza y preparación de la Iglesia y el domingo evidentemente por ser el día del Señor. Tampoco podrían acceder a la Iglesia más de seis personas, salvo en momentos puntuales en los que la faena a realizar fuese imprescindible hacerlo por un mayor número de personas como el retranqueo de los paso, colocación de las flores y otras labores pesadas.

Por lo tanto pocas facilidades para tan ardua labor y pocas gentes, aunque la limpieza se realizó en la Sala Capitular que por aquellos años estaba destinada a esas labores y en el salón de la casa hermandad antigua en Muñoz y Pabón que también se aprovechó para esa labor y allí sí se contó con más colaboradores.

El Prioste segundo, Rafael Reina, había dimitido hacía pocos días pero, aunque interinamente, lo asumió su hermano Salvador. Por lo tanto las seis personas que realizamos el montaje fuimos: Manolo Luque, Salvador Reina, José Antonio Núñez, Manolo Sánchez, José ¿Ruiz? y yo. No recuerdo con seguridad el apellido de Pepillo, éste fue un hermano que llevo la guardería de la casa hermandad muchos años y además era el encargado de levantar todos los años la parte móvil del cancel de san Nicolás debido a su pequeña estatura y lo menudo de todo su cuerpo. También, Pepillo era el encargado de dar sepultura a las monjas que morían en el convento, y que incluso hasta casi los años ochenta se enterraron allí. Éramos seis pero la verdad es que a la hora de trabajar el recuento no salía: José Antonio era un magnifico acompañante, solía dar tabaco, invitaba al café por la tarde y otras virtudes que tenía pero trabajar lo que se decía trabajar, poco por no decir nada y así lo decía en tono de broma: “yo soy el Diputado de Cultos y no Prioste”. Manuel Sánchez “Lolo”, decía que él era un artista y aquello que estábamos haciendo una maravilla pero la verdad es que tampoco apretar tornillos, coger cajas de cera o cosas que supusieran esfuerzo no era lo suyo. Yo os podéis figurar con quince años recién cumplidos y el “pavo” que se tenía entonces con aquella edad. Esto devino en que Salvador y Manolo Luque se pegaron una hartá de trabajar que no fue normal.

Hicimos un montaje diferente, precioso y estupendo. Trabajábamos en completo silencio salvo los momentos que íbamos a fumarnos un cigarro a la sacristía. En todo momento estábamos acompañados por hermanas que iban y venían para ver como se montaban los pasos y la cercanía, mucho más que lo habitual, de nuestras Imágenes Sagradas y preciosas.

Hoy en día sería impensable hacer algo parecido, por la imposibilidad de no haber celebrado un Cabildo General anterior al traslado de las Imágenes, no haber contado con la autorización de los hermanos para la Sede alternativa, que los miembros de Junta de Gobierno no sólo no pudieran entrar a ver y opinar sobre los montajes sino incluso a ver a las Imágenes y así otro buen número de limitaciones e inconvenientes.

Parece, con esto contado anteriormente, que fuese en otros tiempos pero la verdad es que sólo han pasado treinta y siete años y eso me lleva a pensar como hemos llegado a cambiar tanto en el funcionamiento de nuestras Hermandades. Todo esto lo he recordado en la noche de ayer asistiendo al Vía Crucis de mi Hermandad. En él vi a muchos hermanos que sólo aparecen por la Hermandad en Cuaresma, muchos en derredor del pasito del Señor y pocos con el recogimiento debido al acto y poco rumor de seguimiento de las oraciones y reflexiones.

Que evidente se me hizo anoche la decadencia del espiritu de Hermandad, miarma. Que pena.

4 comentarios:

X dijo...

Treinta y siete años no son pocos, aunque sean muy pocos. El mundo ha cambiado, no digamos España, que en el 73 todavía vivía o sobrevivía Paquito. Las hermandades no iban a ser menos. Hoy no solo hay menos fe en nuestro país, sino mucho menos respeto por la misma, miarma.

sevillana dijo...

Hace ya bastantes años estuve en tu Hermandad contemplando la subida de tu Cristo de la Salud al paso; ya en aquella época conocía a Antonio y a parte yo salía por entonces con un costalero del paso de Cristo.
Antes las Hermandades tenían más vidilla y ultimamente no se lo que está sucediendo en muchas de ellas que se encuentran solas hasta que llega la Cuaresma.
Seguro que si un día nos vemos nos conocemos.
Besos

Edward dijo...

Si que ha cambiado la cosa. El pasado viernes visité a tu Cristo por la tarde, estaba en el pasito preparado para el Via Crucis, la iglesia estaba prácticamente vacía y en penumbra. Esos momentos tienen un valor incalculable...después efectivamente se llena la iglesia de Hermanos que no e suelen ver en otras épocas (cosa que también comprendo), y parece que te han roto esa intimidad.

Gracias por este relato. Un abrazo y ¡feliz cuaresma!

Lola Montalvo dijo...

Veo la fe con la que llevas a cabo tus actos, fe que considero sincera, y que no puedo menos que admirar... y envidiar. Besos, amigo.