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14 sept. 2010

OTRA DE MIS HISTORIAS ANTIGUAS

Como ya he dicho alguna vez en el blog, cuando niño, fui monaguillo en la parroquia de San Isidoro. El monago mayor era mi amigo “Poli”, vecino de la Alfalfa y compañero de colegio en los Escolapios gratuitos.
Por aquel entonces, los años desde 1964 a 1966 calculo, el párroco era D. Rafael. No recuerdo sus apellidos, o igual es que realmente nunca llegué a saberlo. D. Rafael era un hombre difícil y como cura aún lo era más, también, analizándolo al día de hoy, creo que mala persona.
Con nosotros no se metía para nada y eso que le hacíamos buenas trastadas, sobre todo “el Poli” que era un chiquillo de los más malos y traviesos que yo he conocido. Al “Poli”, le decíamos en el barrio visco sin serlo, porque usaba unas gafas de esas que para los cristales parecían tener culos de vaso. Ya de mayorcete fue un buscavidas bueno y trabajaba vendiendo el cupón de la ONCE, hace muchos años que no lo he vuelto a ver y le pido a Dios que le conceda estar bien y le siga yendo bonito. El aprendizaje de bribón lo hizo siendo monago: sisaba en los cepillos, cobraba por las sillas para la Misa de 12 de los domingos, que entonces era multitudinaria, y se preocupaba de pelotearle bien a las beatas, que por aquellos tiempos pululaban por aquella iglesia, para que le arrimaran dinero. Yo no me quedaba atrás, pero lo de las beatas no se me daba bien y sisar en los cepillos, las veces que lo hice, me producía mucho temor; ¡que no merecía la pena, coño, tanto remordimiento por tan poco gusto!
D. Rafael nos dejaba hacer y pocas veces nos reñía; yo creo que sentía mucho cariño por el visco y una indiferencia grande hacia mí y los otros amigos que, como yo, por allí aparecían de vez en cuando. ¡No, no había mariconeo!; que sé que, muchos de los que pasáis por aquí, sois muy mal pensados. La verdad es que la niñez del visco no fue de las más agradables que se pudieran tener y ese motivo, creo, lo debía enternecer con el chaval.
Sí nos bronqueaba, cuando en el transcurso de la Eucaristía no respondíamos bien en latín y con voz lo suficientemente alta como para hacerle coro y acompañamiento. También nos daba buenos empujones cuando a la hora de repartir la Sagrada Comunión nos parábamos y poníamos la patena a una comulgante que fuese con manga corta, sin velo o con un vestido más escotado de la cuenta. Nos empujaba para que siguiéramos adelante, y él pasaba de largo sin darle la Comunión y se ponía hecho un energúmeno si se atrevía a decirle algo la “anatemizada”. El Concilio Vaticano II para él nunca tuvo lugar.
De este cura se pueden recolectar infinidad de anécdotas entre los antiguos vecinos de la Alfalfa y de los miembros de las Hermandades que en su parroquia radicaban. Era cura Propio y cuando la movida de los desahucios, por ruina de las casa de vecinos, no se hizo solidario con D. José Álvarez de San Bernardo y otros curas que, como recordaréis muchos, acogieron en sus templos a mujeres y niños para que no durmiesen y viviesen en medio de la calle. Tuvo sus problemas con Bueno Monreal por aquella causa pero, como era Propio, el Cardenal se la tuvo que envainar. Mi padre y mi primo Miguel también pelearon mucho con él por este motivo, cuando se acercaba el problema de nuestra casa y él seguía en su negativa de acogernos. Hasta entonces habían tenido buena relación que se difuminó por completo después de aquellos días.
Para que os hagáis una idea de cómo era “el paquete” os cuento la siguiente anécdota:
En el callejón Golfo, que era donde estaba mi casa con el nº 3, vivía Lola Medina. Lola era hija adoptiva de una famosa modista, Encarnación, que vivía en el nº 1 (yo conocí a Encarnación ya con la cabeza perdía, que es como se denominaba entonces a la demencia senil). Lola era gitana, muy guapa, morena y de joven, por lo que contaban, había tenido un cuerpo de quitar el hipo aunque era bajita; también era una de las personas más graciosa que he conocido en mi vida. "La Lola Medina", como la llamaba y conocía toda la Alfalfa, era la clásica persona que entra y sale en casa de todo el mundo, que siempre tiene una cuchufleta que hacer o decir y que se le ocurrían los mejores golpes que  una persona se puede imaginar, en definitiva: un ejemplar único sevillano.
Pues bien, en el nº 6, que era la casa del callejón que hacía de esquina con Pérez Galdós, adonde hoy hay una pizzería, vivía un bordador en oro que se llamaba Luis. Este hombre era pareja, aunque no estaban casados, de una valenciana, muy alta y un tanto desabrida, ¡malaje, para que nos entendamos!, llamada Carmen, a la que los vecinos conocíamos por el mote de “la larga”. Un día aquella mujer enfermó y su degradación fue grandísima y en muy poco tiempo. La pobre daba unos alaridos de dolor que eran descorazonadores y a los chavales, que por el callejón andábamos jugando, se nos helaba el corazón al oírla y salíamos huyendo.
Ya en sus últimos momentos; una noche bastante tarde La lola decidió, al bajar de acompañar a “la larga”, que era el momento de llamar al cura para que le administrara la Extrema Unción como se llamaba entonces al Sacramento de Unción de los enfermos, el nombrecito se las traía y llevaba por peteneras. Diligente, se encaminó a casa de D. Rafael que era, casa mediante, la otra esquina del callejón; en esa casa hoy hay un bar de copas, Lamentable creo que se llama. Cuando llega a la casa del cura, llama, le abre la hermana de éste y le dice que espere que lo avise para que se vista y baje; porque ya estaba acostado.
-Aparece D Rafael y le pregunta: ¿Quién está muriéndose, Lola?
-A lo que ella responde: “La larga, D. Rafaé, que está mu amuermá y yo creo que ya debería ir usté a verla pa socorrerla”.
-Contestación inmediata del cura: “Yo no tengo que ir a esa casa porque, cuando he hablado con ellos, no han querido regularizar su situación de vida y por lo tanto yo no tengo que ir para nada si no es para casarlos lo primero y que dejen de vivir en pecado”.
-La Lola, ante la parrafada, se queda pensando y más sería que Buster Keaton; le responde: “Po a mi me sua el coño, yo ya he cumplido con vení y decirle que esa pobrecita se está muriendo. Ahora es problema de usté y me da lo mismo que se muera y la entierren como si la quiere usté amojamá y ponerla de tranca en la puerta del cementerio, adiós mu buenas”. Se dio medía vuelta y tal como había llegado se marchó.
Indudablemente, después de aquella argumentación tan contundente, a D. Rafael no le cupo otra solución que acudir a olear a aquella señora que murió a los pocos días y dio bastante que hablar en los siguientes ya que, por mucho que investigaron las “marujonas” con la Lola capitaneándolas, nunca se supo si matrimonió con Luis en el último momento o no.
Ea, otra entrada relacionada con la parca, pero seguro que os sienta mejor leerla.
Indudablemente "Poli" es un nombre sustitutorio, nunca diré el verdadero sin autorización de esa persona y es improvable que la vea.
Ea, ¡miarmas!, hasta otro rato.

ENTRADA DEDICADA A MI AMIGO BERNARDO ROMERO, POR SU CARIÑOSO AFECTO Y BUENOS CONSEJOS DE LECTURA.

10 comentarios:

Capitán dijo...

No conocí a tu Párrco Propio, pero Don José, párroco de San Bernardo era fabuloso, ha bautizado a mis hermanos y a mis hijos, una bellísima persona. Magníficos recuerdos.

sevillana dijo...

Ultimamente estás que te sales con tus entradas. Eran otros tiempos, otras formas de pensar y los curas han cambiado mucho, durante los años que pertenecí a la Juventud Cofrade de Sevilla estuvo con nosotros un gran sacerdote Eduardo Martín Klemens, él fue uno más entre nosotros.
Por cierto te he enviado a tu correo tres fotos de los Escolapios por si conoces a alguien, son de hace bastantes años de la época de mi hermano Pepe.
Besos

Juanma dijo...

Pues vaya historia bien contada, una vez más. Me encanta la Lola y ese me súa el coño...no se puede ser más auténtica.

Abrazos.

Lola Montalvo dijo...

Rafael, me encantan las historias que cuentas. Me llevas a un ambiente que no es el mío, pero que me recuerda muchas cosillas que me pasaron a mí. Eres genial contando tus cosas. Besos miles

El Naranjito dijo...

Los curas de entonce no tenían apellidos. En ALcalá estaban, entre otros, D. Manuel el de San Sebastián o D. Manuel el de Santiago. Por más que pregunto nadie me los saben decir, ni siquiera los que fuéron monaguillos. Por cierto, La Lola con dos ovarios.
Gracias por otro ladrillo, un saludo

Bernardo Romero dijo...

Creo que no me ha entrado el comentario, así que repito:
La leche que tandao. Desde luego eres genial. La Lola Medina debía de ser menúa. Lo de amojamar a la Larga para ponerla de tranca en la puerta del cementerio es una de las más brillantes imágenes literarias que he leído en mi vida. Es por eso que te digo que si poco a poco vas, simplemente, reuniendo esta entrada y otras como esta, tienes un libro estupendo que dejarle a los tuyos y a todos los que nos pasemos por la librería para disfrutar con estas historias tan descarnadamente reales que suenan a irrealidad. Es como la literatura mágica es que le llaman, pero real como la vida misma. Un abrazo y hasta pronto.

Dama dijo...

Desde luego, es historia viva de Sevilla. Me encanta el comentario de Lola, auténtico y genuino.
Otra entrada inolvidable.Gracias

verdial dijo...

Pobrecita "La Larga", negarle así los Santos Oleos, vamos que el cura se las traía.
Esta entrada aun que sea también relacionada con la parca, me ha dejado el cuerpo de otra manera, más tierno diría yo, porque es como si hubiera vivido épocas de mi infancia, con el tejemaneje de los vecinos y de la calle.
Me ha encantado.

Un abrazo

pd: Pues no te imagino siendo un monaguilo "malo".

AdP dijo...

Pues sí que ha cambiado la cosa desde entonces. A ver qué cura se niega ahora a dar un sacramento por alguno de los motivos que relatas.

Dibujas con sinceros trazos la Sevilla de los sesenta. Me gusta el enfoque que le das.

Saludos.

Anónimo dijo...

Buen comienzo