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2 jun. 2009

NO SE PUEDE DUDAR DE LA VIRGEN DEL ROCIO

En el año 1991 me pasó lo que me ha ocurrido en este año, todo estaba predestinado para que no pudiese ir al rocío. Bueno, aquel año se dieron muchísimas circunstancias, pero la verdad es que era otro tipo de imponderables de más fácil solución que el actual que principalmente ha sido motivado por lo complicado que está el tema laboral, cualquiera le decía este año a mi jefe que me iba al rocío siendo francés como es y cómo están las ventas, y lo “tieso” que estoy de “leuros”.

Aquel año se fueron complicando las cosas para muchos de los que íbamos en la organización, pues coincidían las fechas de la romería con todo el tema de las declaraciones de Hacienda y la mayoría de los que íbamos juntos eran Abogados de fiscal y gente de bancos. A mi personalmente me afectaba el tema de la Expo del 92, con el jaleo de obras consiguientes, y principalmente que en el sorteo de la fecha para la Primera Comunión de mi hija mayor: Rosa, le tocó el domingo día 19 de Mayo, Domingo de Pentecostés. Consiguiente conversación con el párroco: D. Indalecio, y su coadjutor: D. Emilio, amigo personal mío, en la Parroquia de Pino Montano y consiguiente negativa también, por parte de éstos, al cambio de fecha pues eran bastantes familias a las que les ocurría lo mismo que a nosotros.

Cuando prácticamente estaba decidido la no ida al rocío, mi amigo Andrés y su mujer Margara, ya ausente, empezaron a dar la paliza con hacer la vuelta y para colmo se unió “Federico”, un alemán que estuvo yendo muchos años al rocío agregado con nosotros. Tanto dieron la “vara” que, tanto mi mujer como yo, accedimos a su petición y empezamos a preparar el hacer la vuelta con la Hermandad.

Ahí empezaron nuestros problemas. Teníamos una carriola pequeñita que había hecho yo con la ayuda de Juanma Ojeda y mi cuñado Ángel, a la que mi gente bautizaron como: “el carrito del gordo”. Esta carriola la hice partiendo de dos ejes de una furgoneta Saba que me regalaron y no os podéis figurar lo que trabajamos en ella. La verdad es que quedó que era una chulería comparado con el sistema que se usaba entonces de remolques con un toldo por encima y listo. Bueno, pues con aquella carriola nos apañábamos pues al ir dos mujeres y tener tres camas ya íbamos sobrados ya que la verdad es que en aquellos años era rara la noche que nos acostábamos más de una hora, u hora y media, con lo cual el tema camas, cocina, y frígo estaba resuelto. Cuando habíamos decidido ir y con el carro sólo nos dice, Miguel, el tractorista que nos llevaba: mis hermanos empiezan con las labores del campo en unos días y que no le dejan que use el tractor para el rocío. Nuevo problema y a buscar otra vez soluciones, a todo esto era ya la semana anterior a irnos. Probamos un tractor viejo que tenía nuestra amiga Carmen Raya, por si nos valía, y nada. Buscamos por algunos pueblos cercanos y ya no había nada libre y así otras tantas gestiones. Bueno, la Virgen no quiere que vayamos, era nuestro comentario, no vamos y ya está.

El viernes 16 de mayo nos llama Miguel y dice que ha arreglado el tema con sus hermanos y que vamos para adelante. Bien, pues empezamos de nuevo y organizamos ropa, costo y todo lo necesario para el camino entre el viernes por la tarde y el sábado. Gracias a Dios todo resuelto.

Llega el domingo, vamos a la Comunión primero, celebración con familia y amigos después y teníamos previsión de irnos hacía el Rocío a media tarde. Miguel, el tractorista, que era un hombre responsable y serio nos dice: yo voy a la comunión y al mediodía después de almorzar engancho y me voy tranquilo para el Rocío para que no me coja la noche solo. Bien, lo hacemos así y listo, allí nos vemos. Yo creo que llegaremos nosotros sobre las ocho o las nueve, le digo. Vale, pues así quedamos y allí nos vemos fue su contestación.

Hacemos todo lo referente a la celebración y partimos para el Rocío los cinco restante en un coche a las ocho de la tarde. Consecuentes problemas para llegar a la aldea y cuando entramos en la casa hermandad no eran menos de las diez de la noche. Miramos y no vemos el carro por ningún sitio; consecuentes preguntas y nadie sabe nada del carro, revuelo correspondiente y nos dice un señor que estaba en una organización al lado de donde nosotros estábamos: yo he visto una carriola como vosotros decís a unos tres Km. de Villamanrique con un eje roto, es de tal color y el tractor es de este color y de esta forma pero no está en la Raya, está en un camino que esta de Palacio para Villamanrique a la derecha. Ojú, no me digas, ese es el nuestro. Bueno lamentarse no vale de nada, de modo que vamos a buscar solución.

Nos acercamos a la acampada de la Macarena y le pedimos el todo terreno a Rafalito Ramírez, otro que tenía Manolo Aguilera y nos vamos en busca del carro a la buena ventura sin saber por dónde buscar. Mas tarde de las dos de la madrugada encontramos a Miguel, cuando nos tranquilizamos viendo que a él no le había pasado nada decidimos que desenganche el tractor y que nos vamos para el Rocío. Yo no me voy de aquí sin el carro nos dice; ojú, y eso que el muchacho no era cabezón. Discusiones, peleas, palabras gruesas y por fin conseguimos que dé su brazo a torcer y desenganche. Llegamos al Rocío lo menos a las tres de la madrugada, comimos algo que nos dio Carmen Raya y nos acostamos como pudimos en su hueco de carreta, yo en un cartón de una caja de plátanos compartido con Juanma Ojeda, que iba en la organización de Carmen; Andrés y Federico no recuerdo como se apañaron; las mujeres se acostaron en las camas de Carmen. A todo esto yo lloraba como una Magdalena diciendo que lo que estaba pasando era que la Virgen no quería que fuésemos ese año y nosotros le estábamos llevando la contraría, igual Andrés e igual nuestra mujeres, aquello parecía un velatorio más que una vigilia de Pentecostés.

No fui a ver a la Virgen cuando salió, pues la verdad es que estaba muy cabreado con Ella y por la mañana temprano, sobre las siete, decidimos que teníamos que empezar a movernos para arreglar el tema. Nos venimos a Sevilla para buscar las piezas que nos hacían falta y nos dicen que es muy antiguo y que ya no lo tienen a no ser por encargo. Como solución nos dicen que busquemos en chatarrerías, así lo hacemos y nos vamos al Gallego, nada; nos vamos a Alcosa, y nada; y ya derrotados tiramos para el Aljarafe. Miramos en una que había en Bollullos, nada; seguimos y cuando llegamos a Pilas en la entrada del pueblo a la derecha había una chatarrería junto a un bar y en la alambrada que daba a la carretera: una furgoneta Saba. Esa es la nuestra decimos, nos vamos hacía ella y cuando llegamos a la puerta estaba cerrada la chatarrería.

A esto, nosotros habíamos aparcado en la explanada del bar, llega una patrulla de la Guardia Civil y le preguntamos si conocen al dueño o si saben donde lo podemos localizar. Está en el Rocío nos dicen, pero yo creo que en el bar tiene una llave nos comenta el Sargento: ¿qué os pasa?, pregunta. Le contamos nuestra odisea y entra con nosotros en el bar y le dice al dueño que nos deje la llave bajo su responsabilidad. Ya estamos dentro, pero sin herramientas salvo un martillo y un cincel que nos había dejado el dueño del bar. Nos liamos allí entre los cuatro que íbamos, el Sargento de la patrulla y un agregado del bar que se nos unió; volcamos el coche y a base de porrazos conseguimos sacarle el eje trasero. Ole, ya está solucionado pensábamos pero, desgraciadamente, no era así. Ahora nos hacía falta un taller y además, que quisiera hacernos el trabajo en medio del campo.

Empezamos a buscar y en Pilas, nada. Vamos a Villamanrique, pensamos, que aquello es más grande y habrá más posibilidades, nada. Lo que si encontramos, preguntando, es a una señora que nos dice que su marido tiene un taller pero que está en el Rocío. Le contamos el problema y nos abre el taller para que pudiésemos trabajar. Arreglamos las piezas, las cortamos, hacemos los herrajes necesarios y demás y le decimos a la señora que ahora nos teníamos que llevar el soplete y algunas llaves y otras herramientas que necesitábamos y que se las devolveríamos, más tarde, una vez acabada la reparación. Accede a ello y nos vamos para el camino donde estaba el carro. Allí nos esperaba ya Miguel y emprendemos la reparación. Para levantar la carriola tuvimos que usar el hidráulico del tractor pues el gato no nos llegaba a un punto de apoyo al tener que trabajar y desmontar el eje y lo más peligroso es que teníamos que meternos debajo del remolque para poder trabajar.

Lo conseguimos hacer, arreglamos el carro, devolvimos las herramientas a la señora que la verdad es que lo hizo, el dejarnos las herramientas, sin convicción ninguna de que se las devolviéramos y para todo esto anterior nada más que hubo que decir que era para solucionar un problema de una carriola que iba para el Rocío. Todo fueron ayudas y colaboración, nadie nos pidió dinero ni nada de nada. Tiramos para el Rocío y a la altura de Palacio nos encontramos de nuevo con la misma patrulla de la Guardia Civil; el Sargento, no se quería creer que lo habíamos conseguido.

Lo que más me emociona cuando recuerdo toda esta anécdota es la entrada en el patio de carretas de la casa hermandad de la Hermandad de Sevilla, no os podéis imaginar el aplauso que le dieron “al carrito del gordo” todos los que estaban por allí y la hartá de llorar que nos dimos muchos de los presentes.

Nos dio tiempo de ver a la Virgen en la calle para poderle agradecer el “cable” que nos había echado y para pedirle perdón por todos los improperios y dudas que habíamos tenido con respecto a sus ganas de que nosotros fuésemos a verla aquel año. Después todo el camino de regreso fue maravilloso y espléndido, aunque la verdad es que dormimos poco.

Adiós amigos, hay queó por hoy.

¡Viva la Virgen del Rocío!

6 comentarios:

dama dijo...

Fantástico relato. Me encanta que haya gente que sienta esas cosas.

sevillana dijo...

Me has tenido con el corazón en un puño con la historia que nos acaba de contar, menos mal que a mi no me ha pasado nunca algo parecido que sino.............
Pero Ella siempre estará ahí en los buenos y malos momentos.
Besitos

verdial dijo...

¿Quién dijo que no existian los milagros?. Ya vez, para muestra, un botón, y éso que yo me muevo ahora en un estado de incredulidad.

Besos

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

La verdad es que yo no creo mucho en los milagros y menos quiero pensar que Ella derroche su favor en estas nimiedades, lo que si es seguro que si eso me pasa con una caravana camino de la playa no encuentro la misma ayuda.
A mi m ha ayudado a recordar amigos como Manolo Aguilera; Gabi y "Federico" que hace ya mucho tiempo que no los veo incluso, según me dijeron, es posible que "Federico" ya no se encuentre entre nosotros
Gracias por vuestra visita y comentarios.

Bernardo Romero dijo...

Vaya tela, se me han saltao hasta las lágrimas leyendo tus aventuras rocieras. Fíjate que estoy aquí por casualidad, porque te iba a decir que te he respondido el comentario que me mandabas con la ensalada que hacía tu madre. Y mira por donde me encuentro con este fantástico relato. Como lo cuentas tal cual, tiene una agilidad literaria que para sí quisiera más de uno y más de dos...cientos. Bueno, tronco, que te juro que me he emocionado una barbaridad al final. Qué bonito es vivir y qué buena es la gente. En la respuesta a tu comentario te digo que la ensalada que hacía tu madre debe ser el asadillo, ahora mismo te la cuelgo en mi blog para que todo el mundo la pueda disfrutar. Un abrazo.

Moe de Triana dijo...

¡Que viva la Madre de Dios y el consuelo de nuestras vidas miarma!

¡Chapó!

¡Un saludasso!