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4 abr. 2009

EL ORGULLO, ¿ES PECADO?

Hoy he tenido buen día de Hermandad. Empecé temprano, pues debía dejar en la iglesia los últimos arreglos que había recogido de la orfebrería y también, una obra nueva que nos han realizado en la que tenemos mucha ilusión puesta pues es un asta para el guión de la juventud en la que esta representada la figura de nuestro anterior Santo Padre: Juan Pablo II.

Después de hacer un poco de trabajo pendiente que me quedaba de los días de reparto de papeletas de sitio, recibí la llamada de teléfono de un amigo, que se había comprometido en guisar un arroz para los grupos de priostía y diputación mayor de gobierno, para decirme que andaba con fiebre y que por lo tanto me pasaba el testigo. Me puse manos a la obra y la verdad es que ha salido un arroz de alta categoría con unos poquitos de carabineros, almejas, mejillones y rape. Bueno, la verdad que no tan poquito pues: entre refrito, arroz , marisco y pescado han sido unos doce kilos que, como comprenderéis, tiene su aquél.

Cuando hemos terminado de comer hemos estado arreglando la iglesia y dando los últimos retoques para dejarlo todo sólo a falta de flores para afrontar el día grande y, gracias a Dios y su Bendita Madre, todo se presenta según el guión establecido y sin problemas.

También he disfrutado de uno de los momentos buenos que nos ofrecemos los cofrades, os cuento: mi hijo pequeño, que tiene quince años, es el presidente del grupo joven de la Hermandad. No es porque sea mi hijo, pero la verdad que es un chaval del que hay que sentirse orgulloso ya que cuando toma un compromiso lo cumple a rajatabla. Es la clásica persona que cae bien, que es atento y educado, cariñoso y servicial y tremendamente responsable para su edad y lo principal; lo quieren todas las personas que lo conocen. Este año, cuando se acercaba la Cuaresma, me dijo que quería participar y ayudar en lo que pudiera durante el montaje de los pasos. Como es lógico le dije que de acuerdo, pero que no podría descuidar ninguna de sus obligaciones, menos aún las de estudio, y en eso quedamos.

Ha estado entregado en la tarea durante casi dos meses: limpiando, cargando enseres, ayudando a montar todo lo que le han dejado hacer los Priostes y sin abandonar su contacto con los demás jóvenes y organizando con ellos algunos actos que tenían programado. También ha conseguido seguir con el altísimo nivel que tiene en las notas de la segunda evaluación. Bien, pues hoy me abordan los Priostes de la Hermandad y me dicen que si acepto, en mi dualidad de padre de él y Mayordomo de la Hermandad, han decidido que en la cofradía ocupe el puesto de auxiliar de priostía ya que lo han acordado y consensuado: los Priostes, el Diputado Mayor de Gobierno, el Hermano Mayor y todos los hermanos presentes que han estado participando en el montaje de los pasos. Como comprenderéis no me he podido negar y aceptado para él ese dulce cargo que le asegurará la cercanía a nuestro Señor y su Divina Madre en la Estación de Penitencia. Esta es una costumbre que se sigue de siempre en esta Hermandad, el premiar al joven que se destaca en el montaje con ese puesto de auxiliar y que mis compañeros responsables han querido continuar.

Como he dicho por algún rincón de esta casa, son varios los cargos que he ocupado en mi Hermandad y del que más orgulloso estoy y más me ha gustado es el de Prioste, es en verdad el más bonito que se puede tener en una junta de gobierno según mi parecer. En el testigo que ha cogido hoy Jesús de la Salud, están los recuerdos y enseñanzas de muchos y buenos Priostes que en esa Hermandad siempre han sido: Eduardo Martín Paredes, Manuel Campos Álvarez, Pedro Manuel Luque Luque, Rafael Reina, Salvador Reina, Diego Gallardo, Joaquín Cazorla, José Manuel Reina, José Antonio García Gómez –chiqui-, Manuel González Viso, Francisco Molina, Eduardo Ferrer Barroso, Ignacio Gómez Girón, y los actuales Álvaro, Luís María y Pedro Pablo; por lo tanto, al orgullo que debe sentir por su nombramiento me obligaré a decirle la responsabilidad que contrae al tomar ese blanco palermo.

Que feliz me siento por ser padre de tres maravillosos hijos y que orgulloso porque dos de ellos me hayan seguido en el sentir cofrade y en el amor por nuestra Hermandad.

Ahí queó, miarma.

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