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18 ago. 2010

UNA HISTORIA TRISTE




Leyendo la última entrada en el blog del amigo: http://sevillatequiero.blogspot.com/, referente al abandono de animales en vacaciones, fijándome en una frase que dice de que los empleados son cariñosos y respetuosos con los animales, he recordado, y me atrevo a contar, un sucedido que me pasó ahora hace dos años con una perrita yorkshire que tenía mi hija Rosa.
En el mes de junio del 2008 llegó a mi casa, no sin discusiones previas, una perrita azul y fuego que compro mi hija en el criadero Pinecan. En casa aún estaba Beti, que era una fox terrier de pelo duro con toda la independencia de esa raza hacía todos, salvo con mi mujer por la que sentía verdadera pasión. Mis hijos bromeaban con ella y cogían a la madre en un abrazo o le levantaban la mano y la perra se los quería comer. Beti tenía ya más de catorce años y os podéis figurar lo mal que le sentó la incorporación a la manada, como diría el encantador de perros, de una cachorra con todas las ganas de vivir y jugar por delante. Era gracioso ver a las dos juntas, la nueva llevándole todo tipo de cosas para jugar y la vieja todo el día gruñendo y protestando.
A esta nueva le puso mi hija de nombre Quilla en recuerdo de un cocker que yo tuve y es el perro que más he querido en mi vida.
Quilla se adueñó de la situación y pasó a ser el centro de atención de todos. Era una perrita terriblemente cariñosa, juguetona y de las más pequeñas que yo he conocido de esa raza. Rosa, mi mujer, se acostaba a dormir un rato de siesta y ella se echaba en la puerta del dormitorio hasta que salía, entonces de nuevo empezaba el juego y el cachondeo.
Ya casi a finales de agosto llegué un día a casa sobre las cinco de la tarde. Venía de Cádiz de trabajar y no había almorzado, tampoco había llamado para que dejaran algo preparado de comer, por eso cuando llegué me fui para la cocina a tomarme un bocadillo y algo fresquito. Aquel fue un momento de los más duros que he vivido en mi vida, pues al volverme Quilla había acudido al ruido mío y se me colocó detrás sin hacer ningún tipo de sonido o al menos yo no lo escuche. El resultado es que la pise, con mis ciento veinte kg, y os podéis imaginar.
Llame a Rosa y salimos corriendo en busca de un Veterinario. Fuimos a todos los que conocíamos: Ronda Capuchinos, León XIII, Miraflores, Fray Isidoro de Sevilla, Pinomontano, Marques de Paradas pero todos con el mismo resultado, lo normal a esa hora en agosto: cerrado.
A todo esto la perrita no se quejaba ni era capaz de moverse y nos miraba con unos ojos de tristeza como nunca más quiera Dios que tenga que contemplar en mi vida. Entonces recordé que en la calle Fray Alonso había visto una clínica veterinaria nueva recién abierta y hacía allí nos fuimos.
Estaba abierta y nos atendió una señorita que me dijo que colocara a la perrita en la mesa de una consulta. Empezó a preguntarme qué había pasado y le comenté que la había pisado y que creía que la perra no tenía solución. La auscultó y me dijo que la respiración era muy débil y que notaba muchos huesos rotos con lo cual lo mejor que se podía hacer era “dormirla”. Asentí a la propuesta y cual fue mi sorpresa cuando me dice la buena mujer que nos vallamos hacía la zona de recepción para tomar nota de los datos. Le dije que muy bien, pero que antes durmiera a la perra para que no sufriera más de lo que ya llevaba sufrido. No lo conseguí.
Prosiguió, me tomo nota de todos los datos y me cobro la minuta del servicio que ella tendría que hacer así como el precio de la incineración y el certificado correspondiente que tendría que hacerse de registro y destrucción del chip de la perrita.
En caliente no me di cuenta pero una vez llegado a casa y avisado a mi hija, que estaba trabajando, de lo ocurrido me revelé. En los días posteriores y después otras muchas veces siempre he pensado la poca profesionalidad de aquella mujer y el desmedido afán monetario que mostró en aquel momento en el que lo único que le importó fue el dinero y no el sufrimiento de un animal.
Ojalá sea la excepción que confirme el amor por los animales de las personas que se dedican a su cuidado y han hecho de ello su profesión.
Yo no olvidaré en la vida aquella tarde, ni la mirada de Quilla desde el regazo de Rosa que parecía quererme decir que no me preocupara, que sabía que había sido sin querer.
Afortunadamente en el mes de diciembre siguiente llegó a casa Waquí, a la que ya conocéis algunos de vosotros, que nos tiene a todos, en casa, locos.
Las fotografías de arriba son de Waki, la perrita que tenemos en casa ahora.
Hasta otro día que seguramente os contaré cosas más agradables y alegres.

11 comentarios:

X dijo...

Durísimo, Dios quiera que jamás tenga que pasar nadie por ello.

Juanma dijo...

Sí, verdaderamente triste esta historia.

Un fuerte abrazo, querido Rafael.

trianatrinidad dijo...

Buenas tardes, amigo Fali.Parece que os habéis puesto de acuerdo para tratar el tema de los perros en vuestras entradas, el General, tu y parece que algún bloguero más, por eso solo voy a hacer un comentario que espero que leáis todos.Vaya por delante que sería incapaz de hacerle daño a animal alguno, pero como sé la leche que se gasta el ser humano, como con los años he comprobado que muchos tienen un animal en su casa como el que tiene un juguete o un adorno, que cuando no interesa, fuera,no me gustan los animales, en particular los perros, en las ciudades.No creo que los pisos de hoy sean el lugar ideal para tenerlos, no creo que el asfalto, las calles, los portales sean su hábitat, por decirlo de alguna manera, más adecuado. Distinto veo un animal en el campo, con terreno para correr, para saltar y brincar, donde el perro disfrute sin molestar a los demás, sin asustar a tantos y tantos que le dan miedo.En definitiva, que los perros, como los animales que están encerrados en los zoológicos deben de estar en libertad.Perdonad, pero esta es mi opinión.Saludos

sevillana dijo...

Yo tomé la decisión de ponerle la inyección a mi otro perro para que no sufriera más, tenía la "Colitis de Crohn" que afecta al colon el cual se va cerrando poco a poco. Para mi fue muy duro tomar esa decisión pero después te das cuenta que era lo mejor para él.
Algún día le haré una entrada, pienso que se la merece.
Besos

La gata Roma dijo...

Jo Rafael, sin tener yo perro ni nada, me has dejado con las lágrimas al borde…

Hay algunos casos, aislados pero los hay…

Tengo una amiga que tiene enfilada a una profesional en concreto porque a causa de de ella han muerto dos perritos suyos. Usa siempre el mismo método, ni toca al perro, pregunta lo que le pasa y le manda de todo… pastillas por si es una infección, pastillas por si es vírico, pastillas por si está envenenado… Y creo que al final un medicamento hace mala reacción con otro y es lo que le ha pasado en las dos ocasiones. Eso si, de cobrar la tía no se olvida, tranquilos todos…
En fin, como dices, estoy casi segura que son excepciones…

El Naranjito dijo...

!Ostia Rafael! Me has dejado tocado. Me has recordado a Lola, una gata Angora Turca que recogió mi hija de la calle. Decidió una buena noche saltar desde el octavo. Me tocó recoger su cuerpo y aún recuerdo su mirada diciendome "perdoname". Hoy tenemos al "Chipirón", bueno lo tienen mi mujer y mis hijos, un gato callejero que desde que tenía cinco dias no ha salido de mi casa. Pero es un puñetero gato callejero.

Juanjo dijo...

Rafael, tristemente todos los que tenemos amor por los animales hemos pasado más de una vez por trances parecidos, en mi caso algunos tan desagradables que prefiero no contarlos. El vacío que te deja una animal cuando se va no se llena nunca con otro que venga en su lugar, porque cada uno tiene su forma de ser y su propia personalidad, ¡qué digo! "animalidad"; pero está claro que el que dice eso de que éste es el último que entra en casa, no sabe lo que dice.

Un abrazo.

Lola Montalvo dijo...

Es una penita, cierto. Cuando murió mi gato Pepe a mí me pasó algo similar. Supongo que el de veterinario es como cualquier otro trabajo: unos lo hacen porque algo hay que hacer y otros lo hacen por gusto. A vosotros os tocó uno del primer grupo. Lo siento mucho. Besos miles

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Efectivamente X, ojalá que no tengas que pasar nunca por ahí.

Muy triste Juanma, aunque no el único que he sufrido con perros.

Mi respeto Tritri por tu opción. Lo que sí te digo, es que no sabes lo que te pierdes por no gozar de la compañía de uno de ellos. Es inenarrable los momentos de gozo que dan.

No te prives Sevillana, estoy seguro que a nuestros amigos les gustan los homenajes que les brindamos.

En esa profesión hay demasiados que miran sólo el dinero Gata, desgraciadamente para todos.

Hombre Naranjito, cómo se te ocurre tener un callejero. Ya lo dice el General, con pedigrí, siempre con mucho pedigrí.
En serio, creo que los animales son como las personas cuanto más humilde son más nobles y cariñosos.

Está claro Lola que hay gente pa to como decía el Guerra.

Saludos para todos y gracias por vuestros comentarios.

verdial dijo...

Pufff, pos no que estoy llorando a moco tendido.
Como me ha impactado esta entrada, la he vivido letra a letra contigo.
Ay tengo un nudo en la garganta que ni el llanto me quita.
Y además la indignación que siento ante la falta de profesionalidad...

Solo acierto a decirte que cuanto lo siento, y que te comprendo. He pasado por mas de una, dos y tres situaciones similares.

Un fuerte abrazo

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Lo siento Verdial, no era mi entención angustiaros.
Sí pretendía desenmascarar a muchos de los profesionales, que atienden a nuestras mascotas y no son dignos de respeto.
Alégrate mirando a Waqui que como verás es una preciosidad.
Un beso.