Respetados Sres. Presidente del Gobierno y Ministro de Trabajo.
El último regalo que nos ha preparado su Gobierno, a los de siempre, me ha dejado “anonadado”, iba a poner otro calificativo pero he querido empezar sin ser grosero, pues son muchos los años que llevo trabajando a los cincuenta y cuatro que estoy próximo a cumplir, el día 27 del mes que entra mañana, como para que se me pida más.
Según las tablas publicadas por la prensa en estos días, a mí me corresponderá un año y seis meses más en el prorrateo que se ha propuesto a fin de adecuar la subida de los dos años a partir del 2013. También, se subirá la edad mínima de las prejubilaciones a los cincuenta y ocho años, espero que para todos y sin excepción.
Yo soy de los convencidos que el trabajo es un castigo divino. No quiere decir esto anterior que me sienta un desgraciado por tener que trabajar para buscar las habichuelas; pero, la verdad, es que el deseo de mi realización como ser humano dista mucho de querer encontrarlo en lo laboral como desgraciadamente conozco a muchas personas que lo anteponen ante: familia, ocio, aficiones, etc. Es por lo tanto que considero, esta proposición de ley, una pérdida de mis derechos y un nuevo agravante en mi vida laboral.
La solidaridad es una cualidad que, gracias a Dios, creo me ha sido concedida. El compartir lo que tengo tampoco me es desagradable, si la situación es justa. Lo que no me gusta es el abuso que se tiene en España, gobierne quien gobierne, sobre la clase trabajadora a la que pertenezco, y de la que nunca me he sentido ajeno por no haber creído jamás lo de las clase media que tanto voceáis los Políticos, para tenernos engañados a la sociedad diciéndonos que gozamos de un estado de bienestar que parece nos ha venido dado por arte de “birli birloque”.
Empecé a trabajar en el año 1972 y desde entonces, salvo el periodo del servicio militar, nunca he estado parado laboralmente gracias a Dios, ese tiempo da para que en la información que envía periódicamente su Ministerio de Trabajo de la vida laboral, en la última recibida, llevara casi doce mil días cotizados.
Espero que esta ley, de llegar a sancionarse, afecte también a los Políticos que forman, han formado y formarán parte de las Cámaras y del Gobierno, que no tienen porque cotizar más de siete años para obtener una pensión contributiva vitalicia. Espero que también afecte a los Militares y Fuerzas de Seguridad que tienen lo que llaman “reserva activa” que no es otra situación que cobrar sin trabajar. También espero que se sea mucho más restrictivo en las prejubilaciones en empresas semipúblicas o privadas del tipo: Telefónica, Estándar Eléctrica, Renfe, Banco y Cajas de Ahorros, que nos pasan la pelota, a los de siempre, de pagarles al personal que ya consideran no les es rentable tener.
Mis treinta y cuatro años de cotización, de los que los últimos veinticuatro llevo cotizando en la máxima tarifa me dan el mismo derecho, si tengo la desgracia de quedar en paro en este triste periodo que estamos padeciendo, que al trabajador que bien “motu proprio” o por presión y connivencia de su empresa cotiza en la tarifa mínima, lo hace por menos horas de las trabajadas realmente y que, además cada vez que puede, se da de baja en la empresa, para así aumentar sus ingresos en la economía sumergida cobrando el desempleo. Esta realidad en el sector que se encuadra mi labor: construcción, mantenimiento y servicio, está a la orden del día. Para qué hablar de la Hostelería o del Comercio y pequeña empresa con el sistema de Módulos. Y ya, para rizar el rizo: La Medicina Privada, el Derecho, los Artistas en todas sus variantes, y la gran mayoría de Profesionales libres. Tampoco cuando llegue la edad de la jubilación mis derechos serán muy diferentes que los de aquellos que hayan estado bien guiados, por buenos y caros Asesores, aunque no hayan pegado un palo al agua y desgraciada de mi mujer, si “casco” antes que ella, pues no le quedará ni para comer dignamente a no ser que además haya ahorrado en algún plan de pensiones.
Ya, para definirlo todo, habrá que decir que pertenezco a una generación que hemos padecido en nuestra niñez de los mínimos recursos que tenían nuestros padres, pobres obreros como nosotros. Quizá no pasamos hambre física, todos, pero todavía fuimos de los que besábamos el pan que nos encontrábamos en el suelo y lo poníamos en un sitio reservado por si alguien lo podía aprovechar. Vivimos muchos, en casa de vecinos que eran verdaderos “corrales”, y también, muchos de mi edad, vestimos ropas de nuestros mayores o vecinos porque no había para más. Posteriormente estamos soportando y ayudando a nuestros hijos mayores de veinte y cinco años, incapaces de independizarse debido a la falta de puestos de trabajo y, si lo encuentran, a la inseguridad laboral, y a la nula capacidad de financiación y endeudamiento que tienen. Y lo peor, sin que se nos reconozca este esfuerzo.
Podría estar de acuerdo con todo lo detallado anteriormente, y aceptarlo, si al menos fuese todo proporcional, es decir: si te quedas parado cobrarás el subsidio en proporción al tiempo y las bases cotizadas. Igualmente para la jubilación, ésta se calculará en base a los desembolsos que hayas realizado a lo largo de toda tu vida laboral. Esto sí me parecería justo y equitativo porque, uno mismo podría diseñar sus contingencias y por lo tanto dotarlas estratégicamente.
No contento con todo esto anterior, usted personalmente y su gobierno ¿SOCIALISTAS?, creen que aún seremos capaces de soportar un nuevo apretón y nos pide que empecemos a solucionarle la papeleta a los que quedarán y los que vendrán posteriormente. Claro está, para eso se ha preocupado anteriormente y mucho de tener bien engrasados a sus amigos sindicalistas que ahora permanecerán callados si es que no son hasta capaces de darle la razón.
¡Un carajo! Sr. Zapatero y Sr. Corbacho. ¡Un carajo! Miarmas.
Según las tablas publicadas por la prensa en estos días, a mí me corresponderá un año y seis meses más en el prorrateo que se ha propuesto a fin de adecuar la subida de los dos años a partir del 2013. También, se subirá la edad mínima de las prejubilaciones a los cincuenta y ocho años, espero que para todos y sin excepción.
Yo soy de los convencidos que el trabajo es un castigo divino. No quiere decir esto anterior que me sienta un desgraciado por tener que trabajar para buscar las habichuelas; pero, la verdad, es que el deseo de mi realización como ser humano dista mucho de querer encontrarlo en lo laboral como desgraciadamente conozco a muchas personas que lo anteponen ante: familia, ocio, aficiones, etc. Es por lo tanto que considero, esta proposición de ley, una pérdida de mis derechos y un nuevo agravante en mi vida laboral.
La solidaridad es una cualidad que, gracias a Dios, creo me ha sido concedida. El compartir lo que tengo tampoco me es desagradable, si la situación es justa. Lo que no me gusta es el abuso que se tiene en España, gobierne quien gobierne, sobre la clase trabajadora a la que pertenezco, y de la que nunca me he sentido ajeno por no haber creído jamás lo de las clase media que tanto voceáis los Políticos, para tenernos engañados a la sociedad diciéndonos que gozamos de un estado de bienestar que parece nos ha venido dado por arte de “birli birloque”.
Empecé a trabajar en el año 1972 y desde entonces, salvo el periodo del servicio militar, nunca he estado parado laboralmente gracias a Dios, ese tiempo da para que en la información que envía periódicamente su Ministerio de Trabajo de la vida laboral, en la última recibida, llevara casi doce mil días cotizados.
Espero que esta ley, de llegar a sancionarse, afecte también a los Políticos que forman, han formado y formarán parte de las Cámaras y del Gobierno, que no tienen porque cotizar más de siete años para obtener una pensión contributiva vitalicia. Espero que también afecte a los Militares y Fuerzas de Seguridad que tienen lo que llaman “reserva activa” que no es otra situación que cobrar sin trabajar. También espero que se sea mucho más restrictivo en las prejubilaciones en empresas semipúblicas o privadas del tipo: Telefónica, Estándar Eléctrica, Renfe, Banco y Cajas de Ahorros, que nos pasan la pelota, a los de siempre, de pagarles al personal que ya consideran no les es rentable tener.
Mis treinta y cuatro años de cotización, de los que los últimos veinticuatro llevo cotizando en la máxima tarifa me dan el mismo derecho, si tengo la desgracia de quedar en paro en este triste periodo que estamos padeciendo, que al trabajador que bien “motu proprio” o por presión y connivencia de su empresa cotiza en la tarifa mínima, lo hace por menos horas de las trabajadas realmente y que, además cada vez que puede, se da de baja en la empresa, para así aumentar sus ingresos en la economía sumergida cobrando el desempleo. Esta realidad en el sector que se encuadra mi labor: construcción, mantenimiento y servicio, está a la orden del día. Para qué hablar de la Hostelería o del Comercio y pequeña empresa con el sistema de Módulos. Y ya, para rizar el rizo: La Medicina Privada, el Derecho, los Artistas en todas sus variantes, y la gran mayoría de Profesionales libres. Tampoco cuando llegue la edad de la jubilación mis derechos serán muy diferentes que los de aquellos que hayan estado bien guiados, por buenos y caros Asesores, aunque no hayan pegado un palo al agua y desgraciada de mi mujer, si “casco” antes que ella, pues no le quedará ni para comer dignamente a no ser que además haya ahorrado en algún plan de pensiones.
Ya, para definirlo todo, habrá que decir que pertenezco a una generación que hemos padecido en nuestra niñez de los mínimos recursos que tenían nuestros padres, pobres obreros como nosotros. Quizá no pasamos hambre física, todos, pero todavía fuimos de los que besábamos el pan que nos encontrábamos en el suelo y lo poníamos en un sitio reservado por si alguien lo podía aprovechar. Vivimos muchos, en casa de vecinos que eran verdaderos “corrales”, y también, muchos de mi edad, vestimos ropas de nuestros mayores o vecinos porque no había para más. Posteriormente estamos soportando y ayudando a nuestros hijos mayores de veinte y cinco años, incapaces de independizarse debido a la falta de puestos de trabajo y, si lo encuentran, a la inseguridad laboral, y a la nula capacidad de financiación y endeudamiento que tienen. Y lo peor, sin que se nos reconozca este esfuerzo.
Podría estar de acuerdo con todo lo detallado anteriormente, y aceptarlo, si al menos fuese todo proporcional, es decir: si te quedas parado cobrarás el subsidio en proporción al tiempo y las bases cotizadas. Igualmente para la jubilación, ésta se calculará en base a los desembolsos que hayas realizado a lo largo de toda tu vida laboral. Esto sí me parecería justo y equitativo porque, uno mismo podría diseñar sus contingencias y por lo tanto dotarlas estratégicamente.
No contento con todo esto anterior, usted personalmente y su gobierno ¿SOCIALISTAS?, creen que aún seremos capaces de soportar un nuevo apretón y nos pide que empecemos a solucionarle la papeleta a los que quedarán y los que vendrán posteriormente. Claro está, para eso se ha preocupado anteriormente y mucho de tener bien engrasados a sus amigos sindicalistas que ahora permanecerán callados si es que no son hasta capaces de darle la razón.
¡Un carajo! Sr. Zapatero y Sr. Corbacho. ¡Un carajo! Miarmas.