Como dejé dicho por otros lugares de este sitio, mi padre y mi madre se fueron con dos penas que yo les proporcioné: no haber estudiado una carrera universitaria y no dejar de verme siempre “tieso como una regla”.
Bueno; la verdad es que era una broma que siempre les gastaba, aunque sé, que lo único que no me aceptaron nunca es que no hubiese estudiado una carrera. Ellos participaban de la filosofía de que si no tenías estudios nunca serías nada en la vida. Gracias a Dios, antes de marcharse, vieron que fui capaz de situarme bien profesionalmente aun a costa de no tener un Título, colgado en la pared, y sí dedicar muchas horas al estudio de las materias que intervienen en mi trabajo autodidácticamente.
Hace ahora un año, más menos, mi hijo Rafael se licenció en Derecho por la UPO; posteriormente ha hecho un postgrado de la Cámara de Comercio y ahora está comenzando el Master que también imparte la Cámara, de Tributación especial.
Desde que se licenció y junto a Adrián, compañero de estudios, estaban dándole forma a la formación de un despacho profesional que ya pueden contar como una realidad perfectamente estructurada y ayer dio, Rafael, un paso importante para ello pues ingresó en el Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla.
Ahora entiendo lo que querían mis padres para mí y, por qué no decirlo, para ellos. Me ha facilitado mi hijo muchos momentos de satisfacción cuando ha ido superando escalones en el transcurso de su carrera, también he sufrido mucho, aunque nunca se lo expresé, cuando veía que se le empinaba el camino y, nunca mejor dicho, hasta perdía el pelo con el estrés y los sufrimientos de las dificultades del camino. Todo ha valido la pena y hoy su madre, sus hermanos y yo no cabemos en nosotros de gozo, satisfacción y, como no, de orgullo sano. También es de destacar lo bien que le queda la Toga, está casi tan guapo como yo vestido de nazareno.
Ya está, casi, preparado para empezar su realización profesional, sólo le queda el ir cogiendo la experiencia que el día a día le dará y, además de a su esfuerzo personal, tendrá siempre que agradecerle a los profesionales del Derecho que le han dado la oportunidad de realizar sus prácticas de pasantía en sus despachos.
¡Ojalá!, sean Adrián y Rafael Abogados destacados en su quehacer pero, como les decía ayer almorzando con ellos, no por el éxito económico sino por la ayuda social que le puedan brindar a los necesitados, por facilitarles la incorporación al mundo profesional a los nuevos compañeros que iran saliendo de la Universidad y por su dedicación a engrandecer el tan noble oficio de Abogado. Estoy seguro que si así lo hacen, el triunfo económico le vendrá como un añadido espontáneo.
Bueno; la verdad es que era una broma que siempre les gastaba, aunque sé, que lo único que no me aceptaron nunca es que no hubiese estudiado una carrera. Ellos participaban de la filosofía de que si no tenías estudios nunca serías nada en la vida. Gracias a Dios, antes de marcharse, vieron que fui capaz de situarme bien profesionalmente aun a costa de no tener un Título, colgado en la pared, y sí dedicar muchas horas al estudio de las materias que intervienen en mi trabajo autodidácticamente.
Hace ahora un año, más menos, mi hijo Rafael se licenció en Derecho por la UPO; posteriormente ha hecho un postgrado de la Cámara de Comercio y ahora está comenzando el Master que también imparte la Cámara, de Tributación especial.
Desde que se licenció y junto a Adrián, compañero de estudios, estaban dándole forma a la formación de un despacho profesional que ya pueden contar como una realidad perfectamente estructurada y ayer dio, Rafael, un paso importante para ello pues ingresó en el Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla.
Ahora entiendo lo que querían mis padres para mí y, por qué no decirlo, para ellos. Me ha facilitado mi hijo muchos momentos de satisfacción cuando ha ido superando escalones en el transcurso de su carrera, también he sufrido mucho, aunque nunca se lo expresé, cuando veía que se le empinaba el camino y, nunca mejor dicho, hasta perdía el pelo con el estrés y los sufrimientos de las dificultades del camino. Todo ha valido la pena y hoy su madre, sus hermanos y yo no cabemos en nosotros de gozo, satisfacción y, como no, de orgullo sano. También es de destacar lo bien que le queda la Toga, está casi tan guapo como yo vestido de nazareno.
Ya está, casi, preparado para empezar su realización profesional, sólo le queda el ir cogiendo la experiencia que el día a día le dará y, además de a su esfuerzo personal, tendrá siempre que agradecerle a los profesionales del Derecho que le han dado la oportunidad de realizar sus prácticas de pasantía en sus despachos.
¡Ojalá!, sean Adrián y Rafael Abogados destacados en su quehacer pero, como les decía ayer almorzando con ellos, no por el éxito económico sino por la ayuda social que le puedan brindar a los necesitados, por facilitarles la incorporación al mundo profesional a los nuevos compañeros que iran saliendo de la Universidad y por su dedicación a engrandecer el tan noble oficio de Abogado. Estoy seguro que si así lo hacen, el triunfo económico le vendrá como un añadido espontáneo.
Muchas felicidades Letrados, ¡ole, miarmas!